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Trascendencia / Descendencia

Roberto Aizenberg

ARTE

La trayectoria curatorial de Valeria González es rica en peripecias: en 2002 (Ansia y devoción) propuso la representación del cartonero como línea fundamental del arte argentino contemporáneo, en desmedro de la “indiferencia por la realidad” del arte del Rojas; poco después, en Duplus, sentenció que la exhibición había terminado y que los artistas debían volcarse al contexto exterior; ahora selecciona, en el museo de la Colección Fortabat, una camada de artistas contemporáneos para acompañar unas sesenta obras de, nada menos, Roberto Aizenberg. Entre algunos de estos hechos, los vasos comunicantes son más bien espectrales. Sin embargo, Trascendencia / Descendencia (así es el título de la muestra) es una exhibición perfectamente posible en un mundo en el que los artistas de Ansia y devoción tienen alguna importancia histórica, y en el que las exhibiciones han terminado, o bien nunca existieron: el tema de cierta curaduría política parecen ser los universos paralelos.

En este universo que conocemos, de momento, existen todos los elementos para pensar que Aizenberg tiene un lugar central en el arte argentino, todavía poco explorado. Su ascendiente sobre el arte de los noventa es manifiesto: la conexión de la geometría con la idealidad estética y con un cierto predominio de la interioridad y la fantasía ¿no tiene más que ver con Aizenberg que con el concretismo? Un artista cuyo credo hace confluir los nombres (imponderables entre sí, por lo demás) de Fernanda Laguna, Nicolás Guagnini y Guillermo Faivovich necesita ser releído.

El problema es que esta centralidad de Aizenberg no tiene nada que ver con los innumerables artistas que últimamente le rindieron homenajes literales. Que cualquier pintura susceptible de ser vendida en una galería o una feria pueda inspirarse crasamente en Aizenberg es todo lo contrario de un argumento histórico: de hecho, es una operación tal que permite borrar cualquier argumento en relación con la gravitación de Aizenberg. La instalación física de las piezas estilo redada policial (todo contra la pared) realza la aspiración curatorial hacia la similitud en desmedro de la asociación de ideas.

El espectador puede sin embargo olvidarse de la exhibición y concentrarse en el “Sueño de un condenado a muerte” o en los collages de figuras femeninas. A quien pueda pasar de Odilon Redon a Londaibere, a quien pueda olvidar el mal, Aizenberg lo sigue esperando.

Roberto Aizenberg, Trascendencia / Descendencia, curaduría de Valeria González, Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat, Buenos Aires, abril – junio de 2013.

2 May, 2013
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