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Estertores. Un año de campañas electorales

DISCUSIÓN

Tengo la impresión de que el interminable año de una campaña electoral hecha de cháchara radiotelevisiva, pasquinización de la prensa escrita y monsergas partidarias, plagada de lavandina verbal y guerrilla de investigaciones, ha dejado la mente política pública más arrasada que Palmira después del paso del Estado Islámico. Por lo que escucho en colas y salas de espera o de boca de muchos veteranos del civismo, alrededor de las desiguales filas de activistas, algunos fervientemente comprometidos en mejorar la vida, otros atentos a consolidar o ganar poder, y acaso a perspectivas de empleo, cerca ya de la gran final arrecian en el aire vahos de fastidio, aguante, saña grosera, peligroso cansancio de calcular o escepticismo cursi, según quien los exhale. En algunos casos, como el mío, se puede exhalar casi todo el repertorio en una semana. Lo que me queda en la cabeza, mientras mi responsable político interior me acusa de arrogante y pusilánime, es un continuo de repetición del cual ni San Deleuze logra extraer una diferencia. En ese pensamiento, machacado hora a hora por la descarga de las mismas frases en espacios cedidos, sólo medran fantasías de desquite. Hace unos días, durante el simulacro de debate presidencial que vimos por la tele, se me ocurrió que si me dejasen moderar uno lo restringiría más a hacer a los candidatos unas pocas preguntas destinadas a medirles la talla de estadistas. Por ejemplo: ¿Cómo conciliaría la acogida a grandes inversiones de países como China, Rusia y Estados Unidos con los afanes expansionistas de sus regímenes y las violaciones a menudo criminales a los derechos humanos por parte de sus Estados y dirigencias? ¿Cómo se enfrentaría a una oleada monumental de inmigrantes centroamericanos si buena parte de sus votantes clamara que les roban puestos de trabajo? ¿Cuál es su ideal de instituto penitenciario? ¿Le suena la frase Tarumba habrás quedado? Si un partido soberanista misionero obtuviera el ochenta por ciento de los votos en las elecciones provinciales, ¿permitiría que se celebrase un referéndum para decidir la creación de una República Guaraní independiente? ¿A qué se debe la ola actual de demandas judiciales contra la empresa Volkswagen? ¿Cree que el PBI es un instrumento idóneo para medir el bienestar social de un país? ¿Ve alguna relación entre la ferocidad autárquica de las mafias del narcotráfico y el espíritu de acumulación del capitalismo? ¿Cómo manejaría la ecuación entre extractivismo, necesidades energéticas y alimenticias de nuestra población, balanza comercial, agotamiento del suelo, deterioro ambiental y protección de la existencia? ¿Puede completar la frase Yo soy aquel que ayer nomás decía? ¿Qué llevaría a la Cumbre de París sobre el cambio climático? Las preguntas posibles se multiplicaban, pero tampoco se trataba de irritar. Dadas las normas, no creo que los asesores alcanzaran a suministrar las píldoras de información imprescindibles para que los candidatos aportaran otra cosa que eslóganes tipo: Para nuestros equipos, lo esencial es poner manos a la obra en cada momento… –… con fe en ustedes, en toda nuestra gente y cuidado de las instituciones… –…siempre guiados por la idea de una sociedad verdaderamente justa y un gobierno honesto… Pero yo los apretaría: “Le recuerdo que debe responder a la pregunta”. Después, si los viera nerviosos, dudando de los réditos de decir no sé, me arrepentiría un poco. Esas personas habrían estado demasiado inmersas en el presente electoral, las giras de trato humano físico, la nebulosa de posibilidades inmediatas y alternativas postelectorales, la condena de reiterar su mensaje y los desafíos urgentes del país, como para interesarse por otros hechos recientes como la explosión de sustancias volátiles en China o las barreras húngaras a los inmigrantes sirios, no digamos ya las emisiones tóxicas de sus coches o las primeras fotos de una luna de Plutón. Además, para qué fijarse en esas cosas cuando la sociedad argentina entera ha redoblado su consecuente indiferencia por el resto del mundo y su falta de curiosidad por todo lo no emotivamente interpretable.

Descuento que, como en el debate real, sólo habrían estado cinco de los seis candidatos. Y que Scioli se carcajearía de la sugerencia de conversar de a dos con un tipo como yo, aun si presentase fotocopias autenticadas de los artículos sobre el kirchnerismo que publiqué en esta revista y las boletas que deposité en su momento en favor de la transversalidad reformista. Pero gracias a mi capacidad de fantasear me imagino completando la rueda de preguntas con alguno de sus escoltas o correctores ideológicos provenientes del tronco central del Frente para la Victoria. Como esas filas insisten en la trascendencia del lance actual, en la razón populista como motor de cambios históricos y en las estrategias de hegemonía como vías a una democracia socialista, en parte me inspiré en las crónicas del homenaje a Ernesto Laclau que sesionó a comienzos de octubre en el Centro Cultural Kirchner y giró en torno a razón populista, hegemonía y estrategia socialista. Una selección del cuestionario podría ser como sigue:

¿Son los silencios del candidato Daniel Scioli el significante vacío donde los diversos concurrentes al proyecto hegemónico colocarían sus anhelos de liberación para ir definiéndolos en el roce con la realidad, las maniobras del complejo financiero- agroindustrial, las fijaciones culturales del país y los vaivenes de la correlación de fuerzas? ¿Puede desarrollar el concepto “capitalismo sano”? ¿Es la hiperexplotación de los bienes naturales un rasgo exclusivo del capitalismo? Si el grado de hegemonía ya alcanzado por un movimiento permite a su candidato no participar en un debate que califica de superfluo, ¿no le sirve para romper los patrones con que el sistema publicitario actual sigue achatando el discurso político? [Esta pregunta es algo opaca. A ver si soy más claro:] El programa populista de desarrollo que entre 1945 y 1955 había dado protagonismo, aguinaldo y fe nacional los trabajadores, ¿cobró nueva fuerza y profundidad cuando el 1 de mayo de 1974 Perón, flanqueado por López Rega e Isabelita, trató de estúpidos e infiltrados a decenas de miles de militantes de la JP (y por extensión, a los incautos leninistas que lo habíamos votado por orden del Partido)? La marcha actual del proyecto de hegemonía ¿exigía el traslado forzoso de los encolumnados tras el ministro de Transporte Florencio Randazzo a las filas del avezado montador de aparatos y mejor medido Scioli? ¿Cómo piensa legislar el aborto? ¿Cree que la astucia es la virtud principal del Príncipe? ¿Cree que debe tratarse a Putin como un amigo cabal si de ese modo Rusia invierte más acá y nos compra más granos? ¿Qué le sugiere la frase Puede que las revoluciones sean el acto por el cual la humanidad que viaja en tren acciona el freno de emergencia de la locomotora de la historia? ¿Cuál es su ideal de servicio penitenciario? ¿Cuál diría que es el del ministro de Justicia bonaerense Ricardo Casal? Si Scioli sale elegido, ¿exigirá el proyecto hegemónico que militantes, simpatizantes y mentores ideológicos del FPV colmen la Plaza de Mayo con más algarabía que los adeptos a Macri si ganara? ¿Cree que el aviso que el gobernador Scioli publicó en 2011 en La Nación, donde él y su mujer aparecen rezándole al Dios católico, persuadirá al papa de no mortificarlo con la cuestión del matrimonio gay? ¿Qué le sugiere la frase Al concepto corrupto del trabajo corresponde como complemento una naturaleza que ‘existe gratis’ ¿Y el término “cosmopolítica”? ¿Le suena la frase la gran llanura de los chistes?

Las fantasías son lánguidas. ¿Cómo voy hablarle así a cualquier vocero distinguido del proyecto hegemónico si nos separa una distancia ya infranqueable que en buena medida han abierto mis actitudes? No digo que fueran actitudes impulsivas o antipolíticas, no, pero la distancia es tal que sería una petulancia preguntar así. Es que en la balumba de columnas no encuentro respuestas a estas preguntas; ni siquiera las adivino en las alusiones de algunos pensadores del kirchnerismo a discrepancias o incomodidad con las decisiones; veladas, en general, porque primero hay que ganar y después refinar el proyecto. Pero a qué negarlo: este articulito es una claudicación. Intelectuales tenaces siguen creyendo en su papel tanto como para dedicar conocimientos, experiencia, nervio, energía y reflexión a un presente por el que se sienten reclamados, aunque más no sea, como dijo Benjamin, para organizar el pesimismo, porque están convencidos de que en este lance se juega mucho para lo por venir. Y es cierto: hay mucho en juego: paz real o seguridad falaz, mitigación o no del sufrimiento, destrucción o cuidado del suelo y el aire, desarrollo o maltrato de las instituciones, consistencia de los derechos, igualdad. También se juega el dilema entre una mala imitación de pacto de gobernabilidad entre sectores disímiles, como el que se da en regímenes parlamentarios, y una agregación de sectores discordantes dirigida desde la cúpula de un movimiento populista. Es difícil que el panorama no transforme a un posible actor político en puro votante computable. Así que me concentro en el juego y los jugadores, y he aquí algo de lo que arroja mi discernimiento.

Muy a pesar del pringoso Macri, su numerito de afinidad justicialista en la inauguración de la estatua del General vino a confirmarnos por la contraria que, si no otra cosa, en los sucesivos avatares del peronismo persiste al menos una conciencia de obligaciones para con el legado de justicia social, que, no olvidemos, muchísimos atienden con fervor y con devoción, otros racionalizan, otros sólo actúan formalmente, otros más burlan sin escrúpulos y algunos simplemente tratan de aprovechar, porque saben que perdura en tantos argentinos. Pero también hay un no menor sentimiento de obligaciones para con una historia de lucha e ideas en los avatares reformistas, socialistas y marxistas que la irrupción del peronismo desalojó del plano efectivo de nuestra historia; un sentimiento aún candente para unos a través de las revisiones, petrificado en dogma en otros, adaptado por otros más hasta la adulteración. De las dos fuentes se nutren muchos movimientos sociales. Ahora bien: dudo de que las reglas de esto en que ha cristalizado el juego político permitan al ganador tomar contacto real con lo que está en el pozo, mucho menos manejarlo según todos anuncian. Las reglas del juego y el juego mismo existen únicamente en su lenguaje, que consta no sólo de palabras sino de una limitada combinatoria de imágenes; y, perdón, pero nunca está de más recordar la medida en que el lenguaje hace el pensamiento, el sentimiento, la acción, el mundo y la imaginación. Es inconcebible que pueda profundizarse algún cambio ni imaginarlo sin revertir la disminución de lo real que obra el lenguaje del sistema político-espectacular. Si escribo esto es porque podría ayudarme a decidir cómo voto. Veré. No creo que la decisión importe tanto como el trabajo de abrir, en el espacio saturado por un juego inflexible, lugares que se rijan por otras reglas que las jurídicas, teológicas o ideológicas; reglas que sean acordadas y respetadas hasta que se convenga reemplazarlas por otras, según las peripecias sin fin y el deseo de una democracia radical. Ya existen lugares así, no pocos. Ampliarlos requiere un lenguaje que moradores y visitantes podamos hacer nuestro aunque al principio se nos pegue a la garganta.

15 Oct, 2015
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