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Los viernes

Juan Forn

LITERATURA ARGENTINA

En verano deben tomarse dos chops de cerveza, dicen los que algo entienden. El primero se bebe rápido, un trago urgente que saca la sed de un golpe. El otro se disfruta lento: la garganta, libre de pedregullo, se demora en una helada y amable aspereza. El libro Los viernes de Juan Forn es ese segundo trago. El primero: las contratapas semanales de Página 12, donde fueron originalmente publicadas como una serie de iluminaciones biográficas resueltas con exactas y veloces pinceladas. Unos trazos de esta índole, como ocurre en el impresionismo, no pueden ser sino abiertos: los contornos de una vida se funden con los de otra como si de verdad se tratara de una larga y extensa hagiografía de un ángel caído o que ha vivido siempre al borde del derrape.

Si el círculo es la imagen geométrica con que se suele cerrar la vida de una persona, Forn se desplaza como por una tangente, tocando en cada biografía el punto de inflexión, ese que hace que una historia se redondee definitivamente. Como si lo que de veras subyace en el mundo, lo que lo justifica, sea ese momento que es siempre.

La búsqueda de esa llamita de sentido se aplica también desde dentro, es decir, a la propia vida del autor, con una piadosa sutileza. Allí están los relatos “Lecciones sexuales de una azafata”, “La muerte de un burgués” o “El poeta en ciernes”.

Puede constatarse otro modo de desplazamiento en Forn. Consiste en trazar el diámetro de la circunferencia; es decir, no desplazarse por el perímetro de una vida, que sería el punto de vista del protagonista, sino trazar la línea que define su espesor verdadero. De tal modo que la integridad de una vida puede contemplarse como una gran y continua epifanía. O de otra forma: el devenir escrito en clave de un eterno presente; allí están las maravillosamente terribles vidas de Nijinsky o Art Pepper, Marie Bonaparte, Jean Rhys, Bonnie & Clyde.

A la intuición casi invencible de que la información con que se construyen los relatos no se encuentra en internet —en ese sentido Forn es un buceador de elegancia extrema— debe sumarse la transformación en clave poética de esa información a partir de una prosa sin alardes pero de veras letal.

Deberíamos sumarles a los tres tomos que serán Los viernes dos chops anteriores bien helados: La tierra elegida (2004)  y Ningún hombre es una isla (2010).

Acceder a estas vidas que nada tienen de imaginarias es casi un goce decimonónico (casi, porque suele hacérselo a través de una pantalla). De un tiempo a esta parte, no debe haber rutina literaria más placentera por estos lares que leer estas contratapas.

 

Juan Forn, Los viernes. Tomo uno, Emecé, 2015, 224 págs.

30 Jul, 2015
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