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Lápices y angustias Sergio Chejfec

Tanto en El discurso vacío, publicada hace poco en Argentina, como en partes de La novela luminosa, el uruguayo Mario Levrero probó la posibilidad de escribir por escribir, más allá de lo legible, entre el ejercicio de caligrafía y la ocurrencia pura. Los dos relatos terminan hablando de molestias de la vida íntima. ¿Es posible que una dura autodisciplina conduzca a una verdadera inocencia? Aquí se sugiere que sólo a condición de desenvolverse en la incorrección y lo superficial; de entender que la profundidad, cuando llega, es una propina.

 

Seis años después del fin del mundo Rodolfo Biscia

Además de tratar de las sectas terroristas, el liderazgo psicótico y otros temas de la época, Salto mortal, la última novela de Kenzaburo Oé, es un monumental repaso de la ambivalente relación entre literatura y creencias. Oé explora los riesgos del fanatismo religioso pero también el poso de sensatez que hay en los que se inmolan por una causa; esto en un relato abarcador que funde la piedad y el furor, el recuento de la Historia y la invención de personajes y lugares, y desasosiega y transforma al lector como las grandes obras del género.

Diario de una espectadora de Buren Silvia Kolbowski

Cuando en 1971 el artista francés Daniel Buren fue invitado a participar en una muestra colectiva en el Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York, decidió colgar una gigantesca tela rayada desde el techo hasta casi rozar el piso, en medio del atrio del edificio. Ya entonces las franjas de color azul funcionaban en la obra como paradójica “firma” del joven artista que, desde hacía unos años, intentaba acabar con la pintura como “expresión de la subjetividad”, interviniendo espacios diversos con telas o papeles rayados de diferentes colores, aunque siempre con franjas de 8,7 cm de ancho. Con toda su monumentalidad y opacidad, la obra estuvo expuesta solamente un día en el Guggenheim. Los organizadores la descolgaron de la muestra cuando algunos de los artistas participantes se quejaron de que la pieza dominaba el espacio de la exhibición en detrimento del resto de las obras. Este acto de “censura” fue leído por teóricos y críticos como confirmación de la vocación crítica de la obra de Buren que, avanzando en distintos espacios como una especie de lepra industrial y decorativa, se convertía en sinónimo de “crítica institucional”. En 2005 Buren volvió al Guggenheim, pero esta vez solo. Artista oficial francés más que figura irritante a esta altura, aprovechó la ocasión para volver a presentar una obra en el atrio del museo –ahora un espectacular volumen espejado que iba desde el piso hasta el techo– y dejó vacías las salas situadas a lo largo de la rampa espiralada. A más de treinta años de aquella muestra colectiva, el regreso individual de Buren al Guggenheim con una obra de título elocuente, El ojo de la tormenta, terminó siendo tanto o más polémico que aquel paso fugaz del 71. En este ensayo, la artista y crítica de arte norteamericana Silvia Kolbowski expone sus ambivalencias respecto al retorno de Buren y reflexiona sobre las ironías del mundo del arte internacional de hoy, desde su perspectiva de artista feminista y heredera de la tradición del conceptualismo crítico.

En la duermevela pienso en Kirchner Marcelo Cohen

Diferentes sólo según sean de izquierda o derecha, gran parte de los análisis del gobierno de Kirchner son desabridas listas paralelas de aciertos y defectos. La asfixiante visión de la política que refleja esta actitud podría ser reflejo del seco pragmatismo de Kirchner. Pero también podría ser un síntoma de embarazo paralizante del observador, de incapacidad de abrirse alternativas.

 

Romeo Castellucci y la Societas Raffaello Sanzio. La perfección de los ángeles y los demonios Daniel Veronese

Tres autos se desploman del techo en un escenario en París. Un arlequín friega el piso con un hígado de vaca en un teatro de Avignon. Un tanque de guerra auténtico irrumpe en la escena en una sala de Estrasburgo. Y también: cuerpos esqueléticos, deformes, obesos, enfermos. O incluso: una cabra, un caballo, un chimpancé y una docena de gatos. Como correlato acústico, reverberaciones grotescas, ecos anormales y distorsiones mórbidas que trastocan el aire. El conjunto, perturbador e inenarrable, corresponde a uno de los proyectos más audaces del teatro contemporáneo, la Tragedia Endogonidia, una serie de once piezas presentadas por la Societas Raffaello Sanzio en once ciudades de Europa entre 2002 y 2004. Romeo Castellucci, director de la compañía creada en 1981, concibe el teatro como “un sistema de fuerzas que arremete contra todos los sentidos del espectador”. Su potencia, propone Daniel Veronese, reside en combinar espanto y belleza, terror y placer, hasta aniquilar la impavidez del espectador adocenado y recuperar el poder expresivo del teatro.

No es lo mismo un azote que un tacho de basura Pablo Schanton
Perder las formas Enrique Lynch

Desde que San Ambrosio inauguró la práctica de la lectura silenciosa, manipular sentidos y producir configuraciones fueron las estrategias privilegiadas para controlar eso inasible que surge cada vez que leemos un texto. Este artículo sugiere que el rasgo más peculiar de la deconstrucción como paradigma de lectura minuciosa reside no sólo en que cuestiona el dogma del sentido manipulable sino también en que preludia una experiencia inédita: la de la pérdida de la forma.

 

Ninguna idea cede lugar fácilmente Jorge Baños Orellana

Toda teoría deja residuos inquietantes para las teorías que la reemplazan. Aquí se cuenta cómo un trastorno de la percepción, que sacude la fe científica de un estudiante de medicina, con el tiempo lo llevará a preguntarse si los saltos de un paradigma de conocimiento a otro son tan netos. Hoy, como psicoanalista, el autor tiende a creer que no. Contra lo que suele aceptarse, el mismo Freud siguió considerando hasta muy tarde las bases cerebrales de las patologías del alma.

Destruyan todos los monstruos Francisco Ali-Brouchoud
Obscenidades Marcelo Pitrola
Zambayonny, con un arma entre los dientes Adrián de Rosa y Mauro Fernández
¿Cumpleaños feliz, Sam? Richard Cope

A cien años del nacimiento de Samuel Beckett, en el mundo se multiplican los eventos conmemorativos. Demasiadas veces se repiten interpretaciones, se fijan conclusiones, se modera una obra de estertores y desesperanza con la salvaguarda de que mereció el premio Nobel. ¿No es hora de reponer el potencial de conmoción que sigue habiendo en Beckett? A fin de cuentas, la celebración de una vida como la suya sólo puede resolverse en oscuro, burlón recordatorio de la expresión de la duda.

Cuaderno: "La política de la estética" Jacques Rancière
milpalabras Andrés Di Tella
Cohn & Duprat en el aire Graciela Speranza

Del videoarte pasaron a la TV y crearon el primer canal conceptual de la televisión argentina, Ciudad Abierta, la señal de cable de Buenos Aires. Con Yo, presidente, de inminente estreno, Mariano Cohn y Gastón Duprat llegan ahora al cine. Aquí, el evanescente decálogo de la dupla más ingobernable de la pantalla local.

 

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Tapa de la revista Otra Parte
Nº 9, primavera 2006
Incomodidad