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Donde se pone el acento Susan Sontag

¿Por qué, tanto en la ficción como en la autobiografía, el relato en primera persona suele empezar por justificarse? Sontag cree que el pretexto que se ofrece podría encubrir un elogio de la incertidumbre. Del narrador que tras juzgar a los otros termina sentenciándose al que hace descarada virtud de las flaquezas de la memoria, la ficción del “yo” presenta el mundo como visión de una identidad que se reivindica porque es cuestionable; un punto de vista donde recuerdo y olvido, nitidez y confusión, duda y patetismo se complementan. A través de tres novelas singulares, Sontag analiza la relación de la primera persona con los comienzos y los finales de los relatos, e intenta caracterizar ciertas ficciones “anómalas” que alegan atenerse a los hechos pero no develan casi nada de lo que suele encontrarse en los libros de memorias.

La desazón suprema. Retrato incesante de Fernando Vallejo Luis Ospina

En abril de 2001, el director colombiano Luis Ospina viajó a México y registró durante veinte días las erupciones volcánicas de Fernando Vallejo, una de las primeras personas más enardecidas de la literatura latinoamericana actual. Fue sólo el comienzo de un “retrato incesante” completado dos años más tarde. “El documental”, explica Ospina, “no sólo intenta abarcar la vasta obra literaria de Vallejo sino también sus múltiples intereses: el cine, la música, la poesía, la gramática, la ciencia y la política. De sus años de trashumancia y de exilio existen los cinco tomos de El río del tiempo, de su pasión por la biografía son testigos las dos de Barba Jacob y la de José Asunción Silva, de su producción cinematográfica están las imágenes de sus tres largometrajes mexicanos y de un documental que hizo en Colombia, de su afiebrado interés por la biología está su panfleto contra Darwin, y de su obsesión por el lenguaje, el tratado Logoi. Al decidir hablar en nombre propio y asumiendo sin disimulos ni subterfugios sus amores y sus odios, Vallejo rompe con la más obstinada tradición literaria: la del narrador omnisciente que todo lo sabe y todo lo ve.” Aquí, algunos fragmentos de su desazón suprema.

A quien la fatalidad hizo que la muerte lo alcanzara cuando la planeaba María Moreno

En 1964, durante una reunión para arreglar detalles de divorcio, Raúl Barón Biza –un maldito argentino, el autor de El derecho de matar y Por qué me hice revolucionario– arrojó un vaso de ácido a la cara de su mujer Clotilde Sabattini. En 1998 su hijo Jorge Barón Biza publicó El desierto y su semilla, una novela en clave en la que, se ha dicho, trata el cuerpo de la madre como un arqueólogo y renuncia a la bajeza de extorsionar el pasado. Una saga de cuatro suicidios, incluido el del autor, rodea al relato. Este ensayo, parte de un libro sobre la cuestión, relaciona la decisión de novelar lo autobiográfico con el suicidio, no como cumplimiento de lo que un texto podría anunciar, sino como interrupción radical del texto en que un escritor intenta vanamente convertirse: como provocada catástrofe de la inevitable impostura de escribir.

Una lectura de “Autorretrato en un espejo convexo” de John Ashbery Damián Tabarovsky

John Ashbery desciende de Wallace Stevens en la línea de la gran poesía norteamericana que iniciaron Whitman y Dickinson. Stevens dio por sentado que “vivimos en la imaginación”. Ashbery supone que, si la realidad es incoherente o incognoscible, toda forma es fatalmente inauténtica. De ahí su flujo poético caracterizado no por la forma ni lo amorfo, sino por una expectativa formal siempre frustrada, por visiones de lo real que se transforman y desaparecen sin dejar “nada salvo una amarga impresión de ausencia”. Según este artículo, la intrigante poesía de Ashbery es un viraje sin precedentes respecto no sólo del mito romántico de la autenticidad, sino incluso de la posmoderna y ya vaga “muerte del autor”.

Las cápsulas de tiempo Alan Pauls
Alessandra Sanguinetti. Dulces expectativas Paola Cortés Rocca
A la manera de Sherrie Levine Howard Singerman

¿Qué mirar en una obra que parece disolverse en la mera reproducción? ¿Dónde, en qué pliegue de la copia, se esconde el yo del autor? ¿El arte se ha desplazado de la obra al marco que la rodea? ¿Qué deseo mueve al arte evanescente de la apropiación? Howard Singerman vuelve a sus juicios tempranos sobre los “A la manera de” de la norteamericana Sherrie Levine, buscando dar consistencia a la invisibilidad engañosa de un arte que indaga la peculiar dialéctica de suma y resta, completud y falta, “antes” y “después” que define la creación estética.

milpalabras Graciela Speranza
El poeta como antropólogo Anahí Mallol

En la poesía de Arturo Carrera los ritmos de la sensación, las imágenes huidizas que rezuma la memoria son indiscernibles de una dicción que, antes que representarlos, los pone en marcha. La palabra es para Carrera el motor de las constelaciones del recuerdo y el solo sostén de un posible sujeto; es en ella donde infancia y familia manifiestan su Arcadia dislocada. En su último libro, Potlatch, Carrera deja vagar el poema entre nítidas escenas de una niñez argentina y encuentra en el dinero el pegamento de las relaciones familiares.

La gota vivificante Marcelo Cohen
Variaciones Wittgenstein. El arte de apuntar Matías Serra Bradford

Antes que sistema o doctrina, la obra de Wittgenstein parece un ejercicio contra la deshonestidad lingüística. Pero, si bien descartó que la ética pudiera enseñarse, si afirmó que las formas de vida sólo existían como juegos de lenguaje, Wittgenstein sólo podía expresar su inflexible búsqueda de coherencia entre pensamiento y cotidianidad en un espacio paralelo al de sus inflexibles cuadernos. Sin embargo, entre el Wittgenstein de las investigaciones filosóficas y el de las notas sobre el color, la fotografía, el cine, la religión o las relaciones íntimas –entre el mostrar y el verse– media siempre el ¿cómo vivir?, la pregunta por excelencia del diarista.

Cortázar, la crítica y yo Patricio Lennard

El año Cortázar ha sido pródigo en cultores de un género que, al parecer, suscita indefectiblemente el recuerdo: “Cortázar y yo”. Amigos, escritores y aun críticos evocan lo mucho o lo poco que lo conocieron o, en su defecto, lo poco o lo mucho que la obra propia –la del yo del recuerdo– le debe a la del autor de Rayuela. Como una contribución intempestiva al género, un lector joven relee esa novela, intentando investigar el porqué de tanta defección crítica. ¿Habrá envejecido la literatura de Cortázar o habrá envejecido la crítica que hizo escuela?

Jorge Francisco Liernur y M777. El tablero o la organización: ¿qué es la arquitectura? Inés Katzenstein

Formado por un grupo de jóvenes arquitectos, M777 surgió en los últimos años como una de las manifestaciones más claras de la crisis de un optimismo crítico en la arquitectura argentina. Trabajando por fuera tanto del mercado como de la universidad, mitad “cultura de pandilla” y mitad grupo de estudios de teoría, M777 opera creando juegos sociales a través de los cuales se discuten problemas urbanos. Constituidos como una formación colectiva que podría describirse, en términos de Simmel, como una combinación de “familia extendida, sociedad secreta y pequeña comunidad”, los M777 resumen su filosofía apelando a “la protección del placer en tiempos violentos”. Pío Torroja y Mauricio Corbalán, dos de los miembros del grupo, conversan aquí con el historiador de la arquitectura Jorge Francisco Liernur, director del Centro de Estudios de Arquitectura Contemporánea de la Universidad Di Tella, discuten la actualidad urbanística y confluyen en un debate acerca de qué es, en realidad, la arquitectura.

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Tapa de la revista Otra Parte
Nº 3, invierno 2004
Primera persona