sumario
Independiente, afanoso de totalidad, todo coleccionista libra una pequeña lucha contra el caos y el consumo. De la literatura a la plástica, de la fotografía al cine, la colección se define cada vez más como un nuevo medio “sin medio”: un artefacto que anuda imagen, letra y materia, completo en sí pero abierto a lo que escapa a la representación.
Último museo de las últimas vanguardias, el Dia:Beacon se inauguró no hace mucho en las afueras de Nueva York. Fluxus, pop, conceptualismo, minimalismo y otros ismos conviven en el monumental espacio que, en sintonía con lo que muestra, no oculta su pasado industrial. “El arte existe allí –observó Hal Foster– en un momento perpetuo de experiencia intensa.” Aquí, la crónica de un recorrido por las galerías del Dia, abierto a la intensidad de los reflejos, las grillas, las series indefinidas.
¿Cómo leer la magnética serie de cien retratos de la misma modelo en casi idéntica pose de la norteamericana Roni Horn? A partir de la propia experiencia estética, el crítico de arte y filósofo belga Thierry de Duve anda y desanda la serie hasta dar con la clave de una nueva forma que se insinúa en el contenido de la obra. Un viaje al impredecible clima de Islandia, una nueva gramática de la fotografía y un inusual ejercicio de formalismo crítico.
En su ordenamiento, su evocación de contextos y su capacidad de dar al poseedor una identidad, la colección reúne todas las categorías del sistema de los objetos en la sociedad de mercado. Al mismo tiempo, el coleccionista reemplaza el relato de la producción por un relato de la suerte, y así aleja aún más el objeto de la escena del trabajo. El presente ensayo examina los modos en que el souvenir, la colección y el museo median en la experiencia del tiempo y el espacio. Está tomado de On Longing, un libro en el cual la autora analiza cómo los relatos sobre objetos muy cotidianos materializan versiones del mundo.
