Palipalí

Martín Caparrós

LITERATURA ARGENTINA

A los treinta y cinco años Martín Caparrós publicó Larga distancia (1992), ganó el Premio de Periodismo Rey de España y demostró que otra crónica era posible. Este viaje fotográfico a Corea del Sur no es más que la penúltima consecuencia de la máquina que entonces se puso en marcha. Se sitúa entre las formas breves de Larga distancia y La guerra moderna (1999) y la ambición (cualitativa y cuantitativa) de El Interior (2006) y Contra el cambio (2010); es decir, en la misma zona lírica y mesurada de Una luna (2009). Se trata de un recorrido sobre todo visual por el milagro coreano: cómo pasó de ser uno de los países más pobres del mundo a la patria de Hyundai y Samsung. Para ello el viajero cuenta con el acceso (considerable, aunque no ilimitado) que le brinda una invitación oficial, gracias al cual penetra en algunos de los espacios más emblemáticos del país y los escribe: su frontera con Corea del Norte, donde es posible vivir en la Guerra Fría; sus centros de desintoxicación de Internet; sus fábricas de estrellas musicales; sus obras faraónicas; algunas de sus empresas más insignes. Menos la literatura, Caparrós no deja prácticamente ámbito sin explorar: los ritos de cortejo, la tecnología, la higiene, la cocina, la industria cultural, los mitos, las relaciones intergeneracionales, la religión, la agricultura, el transporte, la hiperexigente educación, la economía, el trauma (ese edificio de cristal en cuyo centro se recorta, exacta, la silueta de un templo ausente).

He usado antes intencionadamente la expresión “formas breves” para aludir a los modos en que Caparrós ha modulado la crónica periodística y literaria de nuestra época. Me parece que puede ser fértil compararlas con la intervención que Piglia hizo en los mismos años en el género del ensayo, en diálogo con el diario o con la tesis benjaminiana. Una de las diferencias que distancian ambas intervenciones es la sombra de Borges. Piglia trabaja en esa tradición, habla de literatura, el tema por excelencia de la conversación borgeana. Caparrós, en cambio, huye por la tangente, cambia de tema, se pone a viajar como un loco y a hablar de viajes, esto es, de realidades. Lo real: no hay nada más ajeno al autor de Ficciones. Ahí estriba la gran aportación de Caparrós a la literatura hispánica de nuestro cambio de siglo. Ni siquiera los mundos más cosmopolitas de nuestras letras (Sarmiento, Blasco Ibáñez, Novo, Arlt, Lorca, Cortázar, los hermanos Goytisolo, Vargas Llosa, Bolaño) cuentan con tal grado de textualización artística del planeta Tierra. Con poco más de cincuenta y cinco años, la máquina Caparrós sigue viajando. Y escribiendo. En estos momentos, sobre el hambre en el mundo: que no cese la ambición.

 

Martín Caparrós, Palipalí. Impresiones coreanas, Planeta, 2012, 238 págs.

15 Ago, 2013
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