Patricio Lenard

18 Jul, 2024

Ni el 666 marcado en la frente, ni la negrura de los ojos de Atila, ni el bigote de Nietzsche, ni la lira de Nerón. De nacimiento colombiano, de adopción mexicano, de posteridad marciano, lo que Fernando Vallejo tiene es el portento de su prosa, su don pentecostal para la execración y la blasfemia, y un récord que el Libro Guinness todavía no recoge: el de ser el más antirreligioso de los escritores contemporáneos en cualquier lengua. Y puesto que tener fe no es lo mismo que creer en fantasmas, Vallejo pone su artillería verbal al servicio de una empresa de demolición a lo Sansón que abarca no sólo las tres culturas que han propagado a lo largo de los siglos el síndrome monoteísta sino también las mitologías sociales que sostienen las nociones de patria, Estado y familia, e incluso leyes generales que rigen nuestro mundo, como el tiempo o los números, irrumpiendo en los dominios de la física, la matemática y la biología como un elefante desbandado en un bazar.

Frustrada su carrera como cineasta por la censura que sufrieron sus primeras películas en Colombia, Vallejo debutó en la escritura con Logoi (1983), una gramática del lenguaje literario, sacó de sus casillas el género de la biografía con libros sobre tres compatriotas y precursores suyos, los poetas Porfirio Barba Jacob y José Asunción Silva y el filólogo Rufino José Cuervo, compuso ensayos que sofistican sus dotes de polemista en los que se carga a Darwin, Newton, Einstein y otros figurones de la ciencia, ofició de arqueólogo del cristianismo en La puta de Babilonia (2007) y dio a luz uno de los más vibrantes alegatos contra la Iglesia que se hayan escrito, y en 1985 publicó Los días azules, primera de ...

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