Ciro Zorzoli

Marcelo Pitrola

18 Jul, 2019

“Seré una esposa fiel y sumisa, pero amor no hay. ¿Qué puede hacerse?”, dice una actriz y busca con denuedo la emoción que le dé forma y contenido teatral a esa línea poderosa. No se explicita que es un parlamento de Irina, de Las tres hermanas de Chéjov, dramaturgo que encontró en Stanislavski al cómplice que supo hacer gran teatro con sus obras. No es necesario disponer de esa información porque en Stanislavki. Fantasmatic no importan los personajes sino la actuación; en todo caso, los personajes aquí son actrices y actores que llevan adelante situaciones e instantes diversos y fugaces con el fin de alcanzar la emoción exacta para esos momentos dramáticos.

A comienzos del siglo XX, la avanzada positivista llegó al teatro a través de la búsqueda de un “método” para encontrar la verdad escénica. Fundador del Teatro de Arte de Moscú, Stanislavski lideró en el teatro europeo esa pesquisa que cuajó en unos tomos que serán estudiados y criticados por siempre. En principio al servicio de una estética realista, el método se configuró como una serie de técnicas que permanecían ocultas a los ojos de los espectadores. La eficacia para lograr el efecto de realidad es la que deslumbró, vía Lee Strasberg, a sus célebres continuadores de Hollywood. Al exhibir y extremar algunos de esos recursos, Ciro Zorzoli y sus intérpretes hacen un ejercicio minucioso de distanciamiento que homenajea al maestro ruso y, a la vez, cuestiona lúdicamente ese confinamiento en el realismo. Así, solo con su cuerpo, conducido por la voz de otro, un actor traslada al público a un campo de batalla en el que recibe un disparo, luego otro y otro, en un crescendo que se vuelve cómico. El “si” (“¿qué pasaría si…?”) y las “circunstancias dadas” (aquellas que anteceden y condicionan el presente dramático) revelan su vigor como técnicas —sin duda derivadas del juego infantil― que propulsan la invención actoral y le dan sustancia.

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