Gonzalo León (ed.)

Jorge Carrión

15 Nov, 2018

En el tránsito entre Las Yeguas del Apocalipsis, ese proyecto de performance y arte contemporáneo que Pedro Lemebel compartió con Francisco Casas en los años ochenta, y los libros que comenzó a firmar Lemebel en su segunda vida artística, la de escritor, hubo una casi-performance que no se acostumbra a citar en las cronologías del autor de Loco afán. Un día le dio un beso en la boca a Gabriel García Márquez. Y otro día, a Joan Manuel Serrat: “Yo creo que fue una traición al conquistador, porque él era español, es un beso de la india, fíjate, un beso con SIDA, de-volver el SIDA”. Su intención era seguir con Fidel Castro y con Ricardo Lagos, pero me temo que la escritura en serio interrumpió la serie lúdico-política-pura-improvisación.

Esos besos robados son mencionados en varias de las primeras entrevistas, las de los años noventa, que ha recopilado Gonzalo León en este Lemebel oral. Podrían actuar como mito de origen del escritor que forja su estilo personalísimo mezclando la literatura, la canción popular y la calle, si no fuera porque el escritor se crió en el Zanjón de la Aguada: “son perros muertos, es basura, es donde yo nací”. El mito de origen definitivo es, al mismo tiempo, una crudísima realidad autobiográfica que aparece en varios momentos del libro.

Se puede leer como una autobiografía sentimental. Y como una lucha continuada por el reconocimiento de las sexualidades múltiples y de la diferencia. Y como un autorretrato político. Y como un testimonio tanto de Chile como de la literatura hispanoamericana (de Roberto Bolaño a Carlos Monsiváis). Pero a mí me ha interesado particularmente cómo evoluciona el discurso de Lemebel acerca del género que inventó, esa crónica desquiciada, barroca y sensual con que narró su cuerpo, su ciudad y su país durante un cuarto de siglo.

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Almendra, “Florecen los nardos”, 1970


 

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