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Una muchacha encerrada en una cárcel/monoambiente gris se ejercita día tras día. Abdominales, fuerza de brazos y meditación se repiten, atemporal y aburridamente, hasta el minuto 7:22. En esa situación suspendida no hay ningún tipo de comunicación o pista del exterior. Al minuto 7:23, abruptamente (y con falta de argumentos), la mujer se pone a testear las paredes con sus manos. En uno de los monótonos y acementados muros se topa con una dudosa grieta. De modo sorpresivo se abre un pequeño habitáculo que contiene en su interior un arma. Sin meditarlo la toma, realiza un breve análisis y la dispara contra la pared opuesta. Así se abre un agujero dimensional hacia el que la mujer corre con actitud decidida, se introduce de un salto y vuelve a salir por otro agujero, en el mismo lugar pero en la pared opuesta.
En Futuro el espectador entraba a la galería y se daba de lleno con cuatro módulos de cemento que se mantenían en pie. Lápidas. Pinturas encerradas en monolitos de cemento (¿pinturas fallidas?), que como fueron una marca autobiográfica de un tiempo que pasó, no pudieron ser resignadas. Luto transformado en monumento.
Pasando a la sala principal, las obras que en tiempos anteriores buscaban su reflejo performático dieron un paso al costado para introducirnos en la operatoria del patrón. Evadiendo cualquier analogía, se volvieron tautológicas. Antes que una pintura, son operación.
Como en otras muestras, Sofía Bohtlingk montó en Futuro pinturas casi idénticas, enfrentadas y repetidas, dejando al espectador encerrado entre ellas. En este caso la disposición era aún más cómplice y envolvente. Se tenía la percepción de poder visualizar cómo sería un ascensor vacío de paredes espejadas cuando las puertas ya se han cerrado.
Las pinturas de Futuro se resolvían cuando no había nadie en la sala. Y si un ser humano se interponía, le exigían lo mismo que, enfrentadas, ellas se demandan: entregar la operatoria, haciendo que busques cuál es el patrón que a uno lo hace ser.
Sofía Bohtlingk, Futuro, Galería Alberto Sendrós, Buenos Aires, octubre-noviembre de 2013.
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