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El encantamiento que produce el despliegue laberíntico de El mago desnudo, de la brasileña Laura Lima, no clausura la posibilidad de pensarla en múltiples vías. Una de ellas opera por asociación. Podemos pensarla como una variación a gran escala de las maquetas de Sebastián Gordín, “Que parezca un accidente” o “Uno es mío” (2010), o los momentos más efectivos de Inception (2010) de Christopher Nolan. Tanto en la instalación monumental como en la escala reducida o la representación de sueños dentro de sueños en la película, irrumpe una potencia exterior: un movimiento sísmico, un bombardeo o una fuerza sobrenatural. En cualquier caso, el escenario que permanece es caótico, inestable y de un cuidado desequilibrio. La entropía moderada es un recurso estético sintomático en la imaginación del capitalismo del siglo XXI: sólo parece que se derrumba.
Otra vía posible es introducirnos en la materialidad que construye la obra de Lima. Cientos de piezas desfuncionalizadas son montadas para ofrecer un trompe l’oeil monumental; si el mago revela sus trucos, se introduce la razón como deus ex machina: el más atractivo mercado de pulgas contiene cientos de libros de saldo, innumerables restos arqueológicos de la economía de consumo cultural. Ningún libro está allí para ser leído; por el contrario, tomar alguno podría ocasionar un desmoronamiento fatal. El tiempo que pasó entre la década del sesenta y la actualidad podría definirse como el tránsito desde “El medio es el mensaje” hasta “La obra es el montaje”.
También resulta atractivo pensar El mago desnudo en relación con la acumulación y la fuerza de trabajo. El acopio es un rasgo distintivo de la riqueza, pero en este caso se trata de la acumulación de objetos devaluados individualmente que se vuelven valiosos mediante el poder transformador del mago-artista. En este flujo económico entre objetos y sujetos media una trama que jerarquiza y ordena verticalmente la propiedad intelectual, el trabajo material —sería imposible pensar esta exhibición sin el trabajo de los equipos de producción y montaje del museo— y la autoría.
En 1921, Walter Benjamin escribió “El capitalismo como religión”. Quizás a la luz de este texto podamos entender por qué hoy el arte como forma de encantamiento sensorial y el artista mago son factores discursivos de alto poder simbólico en la era del Dios mercado.
Laura Lima, El mago desnudo, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA), 19 de febrero – 7 de junio de 2015.
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