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¡Ave, César!

Joel Coen / Ethan Coen

CINE y TV

¡Qué hermoso es el mundo del cine! En su libro La imagen, Jacques Aumont piensa la pantalla cinematográfica como un altar, donde los objetos y sujetos que en ella se proyectan se convierten inmediatamente en divinidades eternas. Con esta misma idea, los Coen retratan en su última película el cine como la religión contemporánea. Pero ese cine santo al que deciden homenajear no es cualquier cine, sino uno que ya no existe, un modelo industrial que hoy todos parecen añorar, pero que ninguno llegó realmente a vivir. El mito se configura.

¡Ave, César! narra la épica de Eddie Mannix (Josh Brolin), un productor que trata de llevar adelante uno de los más importantes estudios cinematográficos de los años cincuenta en Los Ángeles. En esta épica, Mannix lucha contra todo el imaginario de clichés de Hollywood: periodistas de espectáculos (Tilda Swinton), egos de artistas, la tentación de abandonarlo todo y comunistas que raptan a la estrella principal (George Clooney).

El argumento se vuelve una excusa para construir la imagen de una maquinaria extinta pero que, de acuerdo con el mito, produjo las mejores películas norteamericanas. ¡Ave, César! se transforma así en un conjunto de citas más o menos explícitas de otras películas, actores y personajes destacados de aquella época. Con una forma de montaje y movimientos de cámara que reflejan el mismo (o un mayor) despliegue de producción que el de las películas que aparecen citadas, los Coen se ponen en el lugar de un dios, en el de aquel, el único, capaz de recuperar lo perdido.

Esta nostalgia de un viejo Hollywood se suma, quizás un poco tarde, a la cultura de rememoración propia de nuestro tiempo (¿o de todos los tiempos?). A propósito de esta misma nostalgia, estuvo en Buenos Aires, en el marco del último Bafici, Peter Bogdanovich, quien recordó con mucho amor las épocas en que el cine parecía funcionar bien. Todo, dijo Bogdanovich, fue culpa de los actores, que al ya no trabajar por contrato, pretenden elegir sin correcto juicio los trabajos que son mejores para ellos, y así a la vez dejan a los realizadores sin la posibilidad de saber de antemano para qué actor escribirán el guión. Quizás porque los Coen comparten esta opinión, los actores que circulan en ¡Ave, César! son todos un poco estúpidos y necesitan de la mano del productor para andar por camino seguro.

¡Ave, César! es una (otra) película sobre Hollywood, sobre el de antes y el de ahora. Paradójicamente, con muy buenas actuaciones, la película es un intento desesperado de volver a poner al director en el lugar del demiurgo, único responsable de la creación del mundo mítico de la pantalla. Esta es quizás la razón por la cual la figura de un director fuerte no aparece en la película como personaje, pero sí está ahí, detrás, moviendo todos los hilos de la narración (en el último plano de la película, el sol encandila a los espectadores justo antes de que aparezca el nombre de los directores). Pero en este intento de reivindicar su figura, los Coen olvidan que, incluso en sus épocas doradas, Hollywood dio pocos directores que hayan podido desprenderse de los mandatos de la industria (Peter Bogdanovich es uno de ellos), para convertirse en verdaderos realizadores, dignos de aparecer en una estampita.

 

¡Ave, César! (Reino Unido/Estados Unidos/Japón, 2016), guión y dirección de Joel Coen y Ethan Coen, 106 minutos.

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