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En octubre de 1973, en Calama, una ciudad del norte de Chile, y semanas después del golpe de Estado contra Salvador Allende, la llamada Caravana de la Muerte fusiló sumariamente —y con ensañamiento— a un grupo de prisioneros políticos. Entre ellos, al abogado y periodista Carlos Berger, esposo de la también abogada Carmen Hertz. Hoy, cuarenta y cuatro años más tarde, ella evoca ese y otros sucesos en La historia fue otra. Herz no cuenta aquí su vida desde la intimidad, sino en su conexión con una lucha colectiva por develar y enjuiciar los asesinatos, torturas y secuestros llevados a cabo por agentes del Estado durante la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990). Sobre todo, a partir de los criminales fusilamientos perpetrados por esa Caravana de la Muerte: oficiales de ejército al mando de Sergio Arellano Stark, bajo órdenes de Pinochet. Su objetivo era aterrorizar a la población e involucrar a los militares de las diversas regiones: o sea, convertirlos en cómplices.
La historia fue otra expone lo que la autora llama una “verdad” obviada por la “historia oficial”: si la dictadura terminó, dice Hertz, fue por el esfuerzo de innumerables personas anónimas —muchos perdieron la vida—, más que de las cúpulas políticas. Menciona, al inicio, su afinidad con el MIR cuando estudiaba en la universidad y luego su militancia en el Partido Comunista. Habla con orgullo de su adhesión al gobierno de Allende. Y del idealismo —no falto de ingenuidad— de los jóvenes que a fines de los años sesenta pensaban que podían “cambiar el mundo”. Recordar la “épica” de esa generación es, también, un propósito de este libro.
En esta crónica de la resistencia contra la dictadura es central la historia de la Vicaría de la Solidaridad —creada por el cardenal Raúl Silva Henríquez—, que sería fundamental en la protección de los perseguidos y en la documentación sobre los incontables crímenes de lesa humanidad ocurridos desde septiembre de 1973.
El libro está lleno de anécdotas, conmovedoras o espeluznantes. Vemos a la autora en sus dos exilios y asistimos a momentos de verdadero espanto, como cuando la CNI allana su casa y degüella a su empleada doméstica, a fines de los ochenta. El lector percibe una tensión constante. Es la “adrenalina” que impulsa a Hertz —a lo largo de cuatro décadas— como obstinada y valerosa abogada de derechos humanos en busca de “verdad y justicia”. La prosa es llana, directa, convencional si se quiere, pero a la vez vertiginosa. Con una vocación de objetividad respecto a los hechos, no ahonda en el detalle íntimo o psicológico, sino que da cuenta de las emociones de la autora desde una distancia casi imparcial, a medida que narra los sucesos y el impacto, a menudo terrible, que tienen en su vida personal.
Hertz critica sin tapujos la “transición a la democracia” y la “justicia en la medida de lo posible” (según la famosa —y para muchos, pusilánime— frase de Patricio Aylwin). Afirma que hubo un pacto de impunidad que ha protegido a los militares e impedido enjuiciar oportunamente sus crímenes. No era ese el único camino político para salir de la dictadura, indica mientras describe los obstáculos que impedían —a veces desde la misma Concertación— establecer “la verdad, la justicia y la memoria como bienes políticos y éticos de la sociedad chilena”. Y que, en buena medida, perduran hasta hoy. La historia fue otra es un testimonio más —e imprescindible— para entender la historia reciente de Chile: casi medio siglo de violencia, miedo y cinismo.
Carmen Hertz, La historia fue otra. Memorias, Debate, 2017, 334 págs.
[Este texto se publicó también en la revista LUN el 17 de marzo de 2017].
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