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Nombre de perro

Élmer Mendoza

LITERATURA IBEROAMERICANA

“Yo quiero hacer una literatura de mi tiempo”. Ese deseo que ha expresado Élmer Mendoza (Culiacán, 1949) parece haberse cumplido. En sus libros ha retratado su tierra, su habla, su realidad: su tiempo. Y no solamente ha logrado apropiarse de un lugar (Sinaloa), de un presente violento y del lenguaje de la calle, sino también de una forma: el género negro.

Después de Balas de plata (2008) y La prueba del ácido (2010), Nombre de perro es la tercera novela que cuenta las andanzas del “Zurdo” Mendieta. En esta entrega, el detective se moverá entre las redes del narcotráfico para ayudar a Samantha Valdés, jefa del Cartel del Pacífico, a encontrar al asesino de su pareja. En el camino, Mendieta se enfrentará a los rastros del pasado: su hijo Jason y Susana Luján, la madre del joven; el detective volverá al embarazoso vaivén del amor y se enfrentará al rol de padre (es decir, el lector conocerá su lado más vulnerable y desconocido). De esta forma, el autor profundiza en la psicología de Mendieta y le agrega unas pinceladas que no se veían en las novelas anteriores, abonando esa relación que se establece entre los lectores y los personajes de sagas, en la que progresivamente, con cada entrega, se va conociendo un poco más al héroe.

Con Nombre de perro Mendoza también acentúa el trabajo con el lenguaje: de nuevo logra esa extraordinaria conjunción entre la norma culta del español y el habla callejera, y coloca aún más el peso de la narración en los diálogos. Pareciera que hay un intento de despojo, de ser más directo y ahorrativo en el uso de las descripciones. De hecho, el libro comienza en medio de una conversación entre dos de los personajes y ya en la primera página construye el ritmo y el tono que tendrá toda la novela e introduce en ellos al lector. El resultado es una narración vertiginosa, que no da tregua, con unas extraordinarias escenas de acción y una historia que nos mantendrá en vilo hasta la última línea.

La literatura de Mendoza está llena de humor y de una mirada sensible que retrata una realidad violenta y móvil. Su escritura es ritmo y oralidad: la historia de este libro será escuchada por los lectores. En Nombre de perro, el maestro decanta una forma y un estilo para hacer la literatura de su tiempo: esa que retrata una cotidianeidad terrible y se adentra en los efectos que generan la violencia, el crimen y la política, y que en México se ha dado en llamar narcoliteratura.

 

Élmer Mendoza, Nombre de perro, Tusquets, 2012, 216 págs.

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