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Tragedia moderna

Raymond Williams

TEORÍA Y ENSAYO

 

El ciclo de obras que se inicia con Cultura y sociedad (1958) y culmina con Marxismo y literatura (1977) establece un juego diferencial muy preciso entre la crítica literaria como ofrenda estética dotada de una funcionalidad política específica y el paso a una idea mucho más abarcativa de la cultura, ahora entendida como un cúmulo de acontecimientos sensibles a los eventos de la Historia. Ubicada en el punto medio de esa curva, Tragedia moderna, de 1964 —traducida ahora por primera vez al español— es uno de los más logrados intentos de Raymond Williams por dar cuenta de los procesos que integran las tensiones y los reacomodamientos culturales con el acontecer social de un mundo transformado drásticamente por las revoluciones industriales. Los textos más representativos de la llamada “Escuela de Birmingham” problematizarían con mayor o menor fortuna esa idea: el advenimiento de una nueva era de producción intelectual y los cortocircuitos que el cambio en las condiciones de desarrollo habría de producir sobre la estructura lógica y mental de un público consumidor atrapado entre fracciones de tiempo en las que la aceleración tecnológica —con su correlato de masividad— estaba destinada a introducir profundas modificaciones en la apreciación de los textos y las imágenes. El concepto fundacional acuñado por Williams y conocido como “estructura de sentimiento” ilustra ese paso de una apreciación selectiva y unidireccional de la cultura, orientada a preservar cierta tradición mítica de obras —de la que F. Leavis y su grupo de seguidores agrupados en torno a la revista Scrutiny llegarían a ser los más combativos representantes— hacia las nuevas tendencias que, a partir de la Segunda Guerra Mundial, orientarían sus esfuerzos a integrar la teoría con la práctica social.

Si Tragedia moderna ha resistido mejor el paso del tiempo que otras de las obras de Williams, esto se debe, en buena medida, a que al volcarse al análisis de las condiciones objetivas que posibilitarían la supervivencia del género en la era contemporánea, se obliga a repensar el cambio de paradigma que nos ha traído desde el escenario donde los hombres interactuaban con los dioses hasta la desintegración total de la personalidad que reverbera en los textos de Strindberg y Beckett, sin confundir transiciones epocales con catástrofes cronológicas —vicio de interpretación recurrente en el método de lectura aplicado por el movimiento aristocrático y romántico de T.S. Eliot— y, como consecuencia de esto, a insistir en dejar de lado la idea de “texto privilegiado” para recuperar y problematizar el vínculo entre arte y sensibilidad social. El inmenso hallazgo de Williams es, entonces, una propuesta refractaria a la idea de cultura como un ideal fosilizado, ceñido a la nostalgia o el recuerdo, para entenderla, por el contrario, como un continuo hirviente, en mutación permanente y necesitado de una democratización que el presente de la era digital ha concretado en nuestros días de una forma difícilmente imaginable durante el apogeo de los cultural studies, allá por los años sesenta.

 

Raymond Williams, Tragedia moderna, traducción de Camila Arbuet Osuna, Edhasa, 2014, 240 págs.

27 Nov, 2014
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