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Uno de los posteos habituales de Milei en su cuenta de X consiste en pegar la portada de algún medio internacional de renombre con su foto y escribir en forma irónica “Fenómeno barrial”, dando a entender que lo menospreciaron y que ahora su llegada es global. Quizás algo similar sucede con esos libros “de derecha” que hoy están tan prolijamente agrupados en la editorial Hojas del Sur. Año tras año, al pasar junto a su stand de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, los cultos biempensantes nos preguntamos: “¿Quién compra estos libros?”. Tapas hechas con IA, títulos como La guerra civil argentina (en alusión al terrorismo de Estado de los años setenta) y el ya icónico Che Guevara de labios pintados son algunos de los estandartes de estos libros/herramientas-de-la-batalla-cultural. La respuesta, quizás desconocida de “este lado de la mecha”, son los cientos de miles de ejemplares vendidos por su autor superestrella, Agustín Laje, quien tiene incluso su propio documental en YouTube, que dura más de dos horas y está cerca del millón de visualizaciones. La segunda pregunta, entonces, es quiénes son estos autores que le dan sustento a la “batalla cultural”, posicionándose explícitamente como “pensadores de derecha”.
Ezequiel Saferstein, que viene estudiando desde hace años el recorrido del libro político argentino, se adentra en este universo en El libro negro de la nueva derecha. Las entrevistas ya no suceden en despachos de grandes grupos editoriales, sino que se dan en espacios mucho menos ampulosos o en forma virtual. Son encuentros con autores que hacen el camino inverso, desde el llano hacia las grandes ligas. A través de un acercamiento etnográfico, sin juzgar el material y consiguiendo fuentes de primera mano, con entrevistas tanto a sus principales protagonistas como a sus seguidores, Saferstein devela un entramado intelectual que, a diferencia de las ideas de izquierda, circula por fuera de las universidades y la validación académica.
En términos esquemáticos, el recorrido nos lleva desde los libros publicados por “la familia militar”, en los noventa y los primeros dos mil, con una circulación endogámica y la intención de justificar su accionar durante los años setenta, hasta la irrupción de Nicolás Márquez, el primer “civil” que toma esos relatos y los hace propios, traduciéndolos a un lenguaje llano y explosivo, apto para el público general. Si bien Márquez tuvo apoyos financieros y contactos aportados por militares (capital económico y social), su relato es el de la autogestión, como los poetas que van de recital en recital con su libro a cuestas, según su propia comparación. En paralelo con el objeto-libro, la presencia digital a través de un diario/blog/foro le permitió una sociabilidad extendida, que llegó desde Mar del Plata, en donde residía Márquez, hasta Córdoba, donde un adolescente Agustín Laje entró en contacto por primera vez con un libro de Márquez (recomendado por su abuela, hermana de un militar condenado por crímenes de lesa humanidad), y eso derivó en una vinculación digital, con diálogos por Skype, que más tarde llevaron a encuentros presenciales. Esta sociabilidad híbrida merece destacarse, porque de algún modo prefiguraba este presente en el que nadie se sorprende con “tener un Meet”, pero a fines de la primera década del siglo no era la norma.
“La derecha no necesita militantes, necesita intelectuales”, le habría dicho Márquez a Laje en uno de sus encuentros, según se lo cuentan a Saferstein, y allí surgió el germen del Laje escritor, que vende cientos de copias en todo el mundo luego de haber crecido “desde abajo” hasta la distribución internacional gracias a HarperCollins, una editorial evangélica que es la principal vendedora de Biblias del mundo (cualquier similitud con esta lectura no parece coincidencia) y supera con creces la disputa cotidiana que se da en redes con otros personajes del entorno de Milei. Basta mirar sus redes sociales para ver hasta qué punto Laje abandonó la disputa local para posicionarse como un referente de la derecha americana, en contacto directo con presidentes de toda la región, exactamente al modo de un “intelectual orgánico”, un Laclau de las derechas.
Doctorando en Filosofía en la Universidad de Navarra (de vinculación con el Opus Dei, espacio del que Márquez forma parte, pero no Laje), conocedor de las teorías de Gramsci, la Escuela de Fráncfort, Foucault y Bourdieu, entre otros, Laje se posiciona —y es visto como— un monje dedicado a los estudios, que cada tanto regresa al pueblo para dar un mensaje. “Esto es muy complejo”, dice cada vez que se dispone a explicar un concepto en su documental, justo antes de traducirlo a un lenguaje más directo. Sus seguidores crecen, sus lectores también, y su influencia parece perdurar más allá de lo que pueda suceder con un gobierno de turno. Los libros como herramientas es un concepto que se repite una y otra vez en las palabras que recoge Saferstein. El libro negro de la nueva izquierda, de dos autores marginales y publicado por una editorial menor y con una calidad dudosa en 2016, se convirtió en pocos años en la herramienta fundamental de los argumentos de las nuevas derechas latinoamericanas. El libro negro de la nueva derecha no es en modo alguno su contracara, sino un primer abordaje para interpretar este fenómeno editorial, cultural y político.
Ezequiel Saferstein, El libro negro de la nueva derecha. Cómo se construyó y cómo se gestiona la batalla cultural, Siglo XXI Editores, 2026, 272 págs.
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