Katsikas

Pedro B. Rey

LITERATURA ARGENTINA

¿Qué podría querer decir hoy que un libro es muy literario? O esa otra expresión: un escritor de escritores. ¿Hermetismo? ¿Una nueva ola de lo que no hace tanto se llamó “literaturización”? No. Lo que pareciera, en verdad, es que “muy literario” hoy simplemente significa “literario”, y que en todo caso el énfasis del adverbio serviría por oposición para ubicar lo que ya no sería “tan” literario, o siquiera literario a secas. ¿Y por qué habría que aludir e introducir de esta manera a Katsikas, el libro de relatos de Pedro B. Rey? Porque un libro y un autor también imponen sus condiciones, sus exigencias de lectura. Y una de las exigencias o condiciones de lectura puede ser, justamente, las lecturas previas.

En el corazón del libro, el relato “Lermontov” parece dar algunas pistas —pistas, por cierto, retomadas en una nota o declaración final del autor— de esa pasión literaria, de esa devoción, por ejemplo, por la ya vieja y a la vez permanente literatura rusa. No sólo por hilvanar una historia con Lermontov, Pushkin o Gorki, como banda de iniciados excéntricos, de honrados delincuentes —también hay un homenaje de espíritus chejovianos en “Ich sterbe”—, sino porque Rey usa aquellos textos, aquellas formas, para su propia forma. Se podría decir que sin estas lecturas, de veras, el libro no podría haberse escrito. No se trata de un “aire”, o de la cita esnob, altruista, autoritaria o especuladora, sino de las posibilidades de invención, de la dialéctica entre el deseo y la materia de la creación misma.

Respecto de la escritura, Rey controla la digresión a su gusto. No sólo la inmanente digresión de la escritura, esa inclinación de la frase a la adición y al desvío, sino la digresión narrativa. Hay en Katsikas el goce de un narrador frondoso, inagotable, un narrador que pareciera contar con un stock de relatos y microrrelatos, escenas y chismes, grandísimo. Rey escribe sus relatos alejado en el tiempo o en el espacio: hay apellidos rusos o lejanamente criollos, y geografías remotas o lugares tan literarios como un hipódromo. “Miss Vampiresa”, por cierto, cuento de antología, es otra muestra de que nuestra épica deportivo-literaria sigue siendo anacrónica y está más ligada a la hípica o al boxeo que al fútbol.

El título del libro es un nombre propio, un personaje. Eso también define el estilo de Rey: Katsikas es menos un libro de cuentos que de relatos. Porque a la hora de narrar, Rey se inclina más por el carácter y el destino que por una situación. Por eso en varios relatos el protagonista se desdobla o multiplica, como una fallida y prodigiosa clonación.

Por último, el tema realizado en muchos de los personajes reescribe la fábula arltiana de aquel escritor alemán resumido por Sebald: Alfred Andersch; aquel que padece el “síntoma del artista menor”; aquel que cambiaría espejitos de colores —notoriedad, dinero, cargos, incluso prestigio— por la eternidad o gloria posible, la validez de su arte.

 

Pedro B. Rey, Katsikas, Leteo, 2016, 192 págs.

 

13 Jul, 2017
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