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AR.TEC

ARTE

La Exposición Internacional del Centenario de 1910 festejaba con igual énfasis los progresos en los ferrocarriles y en el arte, los adelantos en higiene y en agricultura: se trataba de un modelo de exhibiciones en el que los avances de la civilización eran organizados para el gran público como reafirmación de los logros nacionales. AR.TEC, el espacio de arte de Tecnópolis, se aparta de esta tipología de muestras para funcionar, según se escribe en su catálogo, como “un encuentro diferente, un encuentro sorprendente, conmovedor y motivador con las vivencias de los artistas, que experimentan a la par la posibilidad de un diálogo con gente de lo más diversa”.

Tecnópolis se ha transformado en una referencia ineludible del modelo kirchnerista. Allí es donde los avances en la ciencia y la tecnología están al alcance de todos, donde se ponen de manifiesto las relaciones regionales y donde se pueden comprobar los logros industriales. La feria es uno de los grandes aportes para la visibilidad de una política de Estado que se preocupa por el campo tecnológico, científico e industrial. Pero en materia de arte, esta relación se vuelve más preocupante, en principio por no existir una clara planificación en el área.

AR.TEC es un sitio para intervenciones de gran formato que vincula arte y tecnología. Para AR.TEC, la tecnología es un neón que titila, un efecto especial cinematográfico, un dispositivo de la neurociencia. Piensa la tecnología desde la extrañeza, y cuando intenta incluir a la pintura lo hace desde una curiosidad antropológica: se invita a artistas para que pinten en vivo detrás de unas vallas, como un mono en una jaula o un show de freaks.

Una escultura de Martín Di Girolamo, titulada Ornella y Samo, se propone como un monumento al público: una pareja heterosexual de clase media con un celular en la mano pretende ser el reflejo de los visitantes de la feria. El folleto de mano la presenta como una pareja “común, estándar”, pero común, estándar y chata es la propuesta del artista que generaliza la idea de un público que el mismo kirchnerismo ve más diversificado y complejo.

La obra que se presenta con mayor contundencia es la de Nushi Muntaabski. Con una retórica claramente peronista, Industria argentina es un mural que pasa desapercibido por estar en el piso del ingreso, pisoteado por las multitudes de niños que esperan para entrar al predio. Fábricas, banderas y la figura de un trabajador funcionan como referencia histórica para entender la relación del actual gobierno con el programa cultural de los años cuarenta.

AR.TEC  es el lugar para pensar diez años de relación entre arte y kirchnerismo, o mejor dicho, el espacio que explicita los intereses que desarrolla el modelo en el campo del arte desde hace una década.  Por fuera del predio, los salones nacionales y municipales, las casas-museo, los subsidios y becas para el área representan espacios olvidados, sin interés de continuidad o transformación. Desde la planicie de Villa Martelli, emerge un gran coloso realizado por el grupo Doma. El coloso, como Tecnópolis, mira hacia adelante.

 

AR.TEC, intervenciones de gran formato en Tecnópolis, Villa Martelli, octubre – noviembre de 2013.

14 Nov, 2013
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