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La Motherboard

Trinidad Metz Brea

ARTE

Bienvenidxs a la sexta era del mundo, la del plástico. Así como Hesíodo narró en Los trabajos y los días episodios de las cinco primeras ― las de oro, plata, bronce, héroes y hierro (esta última, aquella durante la cual el poeta escribía)―, La Motherboard de Trinidad Metz Brea, con curaduría de Irene Gelfman, nos introduce en la actual edad del plástico. La propuesta nos enfrenta a problemáticas de nuestra historia reciente: lo híbrido, lo posthumano, la antropofagia cultural, la Internet, la noche, el apocalipsis, la potencia de la tecnología, las disidencias. Las obras que habitan la esquina de Brasil y Balcarce, donde se encuentra la Fundación El Mirador, tienen espíritu sacro, podrían estar cómodamente en una caverna perdida de alguna selva esperando ser descubiertas por Lara Croft, Indiana Jones o Link. Surgen de los intereses, ideas y valores de un sector de la sociedad usualmente identificado con la juventud, repositorios sintéticos de energía colectiva de esta nueva generación.

La Motherboard ocupa ambos espacios de la galería y fue concebida en su totalidad en aplicaciones digitales. Una vez que cada pieza adquirió forma permanente, fueron materializadas en plástico capa milimétrica sobre capa milimétrica, fragmentadas, en el útero de impresoras 3D, para luego ser ensambladas y ofrecernos imágenes complejas llenas de detalles. La muestra es como un gran cíborg donde cuerpos congelados en vanidosas posturas nos reciben sin vergüenza para invitarnos a compartir sus juegos.

En el subsuelo se encuentra instalado el muro “Genesis.exe”, la pieza más narrativa y grande de la muestra. Una conjunción gráfica sazonada con elementos de códice prehispánico, relieve arquitectónico, jardín de las delicias, templo hindú de Khajuraho, tapiz medieval, paisaje japonés, antiguo mapamundi, universo alternativo, racconto cosmogónico de otra posible cultura occidental hegemónica. “Les deseo un mito largo y duradero, un relato astuto que contemple todas las posibilidades del ser, que preserve sus géneros y dimensiones en la eternidad del bronce. Si aquellas son auténticas obras de arte, el mundo girará en torno a su brillo como un rayo que resplandece en silencio, que es buscado por adultxs y niñes hasta el fin de los tiempos como fuente inagotable de luz y oscuridad […] ¡No pongas un pie en este suelo si no vas a defender a muerte nuestra fantasía!”; Tobías Dirty le pone palabras a este mito de origen videojuego, y Lila Tirando a Violeta programó la música que ambienta el espacio para hacernos sentir protagonistas de una historia de aventuras.

Pero antes de llegar allí, tenemos que pasar entre varias esculturas en el piso de arriba. Ubicadas en los vértices de un rectángulo invisible nos encontramos con “Einshel g.s.”, “Perritx hot”, “Anon”, “La Mot”, cuatro pequeñas figuras guardaespaldas de “Delicia” ―caja de Pandora central―, cada una sobre su propio pedestal bien en la tradición del arte contemporáneo. A diferencia de la pieza subterránea, ellxs han dejado su estado plástico para fundirse y adquirir, finalmente, perfiles broncíneos.

Lxs personajes de Metz Brea se inscriben en una flamante línea de producción cultural mayormente desarrollada en imágenes bidimensionales íntimas y subjetivas: figuras con reminiscencias humanas, animales, vegetales, de corte fantasía hentai japonés, donde las sensaciones diseñan los cuerpos y no a la inversa. Las investigaciones escultóricas presentan un nuevo horizonte en esta constelación de imágenes sororas. La incorporación del diseño 3D y de materiales como el bronce y el plástico inviste de carácter hierático a La Motherboard, condensando intensamente los temas de este grupo de representaciones del hoy.

 

Trinidad Metz Brea, La Motherboard, curaduría de Irene Gelfman, Fundación El Mirador, Buenos Aires, 1 de julio – 28 de agosto de 2021.

12 Ago, 2021
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