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La música es mi casa

Gastón Pérsico

ARTE

La música es mi casa, la muestra de Gastón Pérsico con curaduría de Mariano Mayer en el Malba, toma su nombre del género house, el sucesor en línea de la música disco cuyo lugar de nacimiento, circa 1980, se disputa entre un depósito en el sur de Chicago y un sauna gay en el norte de Manhattan. Democratizando la escena del dance y evangelizando un fuerte sentido de comunidad, este estilo pronto llegaría al Reino Unido, para luego caer en manos de productores italianos que lograron envasarlo en videos con excesos de lycra que recorrieron el mundo casi en tiempo real. Del underground de aquellas discotecas al mainstream de MTV, hay quienes señalan su fecha de vencimiento con precisión: 1996. Ese año, las pistas explotaban con un tema que repetía en su estribillo la traducción al castellano de una frase muy en boga entre las maravillosas criaturas de la noche: “Hola Señorita Cosa”.

En el subsuelo del museo, atravesando una cortina, como quien ya ha dejado su abrigo en el guardarropas para entrar en lo que Pablo Schanton define como “una fábrica de sensaciones” —en referencia al boliche, no al museo—, un silencioso cubo negro de madera laqueada evoca el retorno que usan las bandas cuando tocan en vivo. Una estructura metálica, hecha de varillas para micrófonos, sostiene una composición de sobres blancos de vinilos que están vacíos. Sus ventanillas redondas se replican en las luces que rebotan por doquier, cambiando de color, invocando el ritmo de un sonido que no está. Cuatro lienzos negros, hechos del material que suele recubrir parlantes, cuelgan quietos en la pared a la espera de ser interceptados por el strobe. Las voces que se escuchan podrían venir de cualquier lado porque, como una discoteca, la muestra es el despliegue de un envolvente andamiaje sensorial.

Pérsico toma un grupo de temas house, anula el audio y los traduce al castellano. Su selección va desde los himnos más tempranos del género, como Your Love, del mítico Frankie Knuckles, a efímeros pero eficaces ítalo-hits como Keep Warm, de Jinny. La voz de un hombre y una mujer recitan las letras que el artista volcó en una de las dos ediciones impresas que acompañan la muestra. En un brillante paso dadaísta de apropiación y traspolación, y con el sutil humor que lo caracteriza, transforma estas letras en poesía concreta dedicada a todos los que bailan.

Bajo el formato de Featuring, término reservado por lo general para colaboraciones musicales, la muestra teje una red tanto afectiva como de sentido. Las participaciones e intervenciones de David Lamelas, Lucio Capece, Pablo Schanton, DJs Pareja y Miguel Mitlag amplifican la muestra en múltiples direcciones y maneras de habitarla.

Pérsico, que —no cabe duda— mora en una casa llena de beats desde hace tiempo, tiene una relación estrecha con las cosas y una capacidad singular para vaciarlas y resignificarlas. La música es su casa, pero es su manera de pensarla la que interpela nuestra memoria muscular. “Sacudí tu cuerpo, mové tu cuerpo, dame house” se escucha mientras la sala se planta, por evocación y una serie de ausencias, como el paraíso de los que logran, en algún punto de la noche, entregarse a la experiencia transformativa de la pista.

 

Gastón Pérsico, La música es mi casa, curaduría de Mariano Mayer, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, 10 de marzo – 2 de julio de 2017.

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