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PintorAs

ARTE

Una armando el listado de obras que van a Madrid. Del Excel pasa a dibujar arabescos mientras escucha reclamos de un curador vía Skype. Otra se concentra y se pierde en los colores de su bordado que se mueven como olas de Mar del Plata, vaivén va, vaivén viene, el recuerdo de una abuela con pésimo carácter y una manía de meter miedo que la persigue a ella y a todas. Una memoria encriptada en el bordado, documento histórico de la asignación de tareas, de viejas maneras en que los oficios construían prototipos de ellas y de otras. Estos documentos también inventaban rituales de conocimiento y fantasía, como un eterno primer beso. En generaciones posteriores las mujeres se dedicarían a dibujar gatos y a pintar floreros, a debatir sobre el veganismo y el tiempo que la historia del arte les sigue robando.

Una línea se rebela después de un extenso recorrido, se pelea con otra línea y se agrupan muchas otras, a su alrededor manchas de colores que advierten un paisaje jugoso: grandes rectángulos colgados en la pared, cómplices e imponentes el uno con el otro.  Estallidos por todos lados, en colores y en formas, en mujeres que saborean la libertad entre obras y orgasmos. Cerámica que lleva el perfume de un hijo, pedazos de óleo del tamaño de un microbio, pruebas de la necesidad de crear un colectivo de afinidades, de adherir y gestionar una necesidad mutante. El cuerpo de la mujer no es fácil de descifrar y no siempre aparece en forma de pechos y labios, a veces puede ser una naturaleza muerta apoyada en una esquina del piso o se convierte en  muñeco con forma de gato refugiado bajo dos bastidores rosas; las obras como pequeños gestos de humor que pican y carcomen. No estar solas es una responsabilidad y un deseo. Objetivo hermafrodita, del tipo sombra, que las acompaña en el montaje de una exhibición, en una jornada de videoarte, en la soledad del taller de una artista.

En esta reunión de amigas no hace falta hablar mucho o gritar. La calma no es sinónimo de obediencia, pero refleja una misión eléctrica: las otras se volverán una o al menos van a intentarlo. No necesitan ahogarse en discursos explosivos, todas cargan con una cruz y una manera de hacer diferente. Los hilos deberían estar en contacto pero sin rasparse, no vale la pena dar batalla desde las palabras.

Una llorando de felicidad al saber que volverá a reencontrarse con su colega y que, otra vez, van a ejercitar la despedida. Caen las luces sobre la avenida Forest, el vidrio contiene las risas de todas, dementes y experimentadas como una abstracción geométrica, la pesada herencia que les dejaron sus “referentes” varones. Varias mujeres cantan y sus pechos se abren, una pequeña muerte que es sinónimo de victoria.  Otra artista escribe en su Facebook que pinta cuadros para pagar una hipoteca, sería hermoso que ella se les uniera.

 

PintorAs, con curaduría de Carmen Ferreyra, Galería Ruby, Buenos Aires, 14 de junio – 21 de julio.

10 Ago, 2017
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