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Pasiones teóricas

Diego Peller

TEORÍA Y ENSAYO

La aparición, a finales del año pasado, del libro de Diego Peller es la confirmación de un momento por demás particular dentro de la (así llamada) “teoría literaria argentina”. Pasiones teóricas aborda el período que va desde el fin de la crítica denuncialista (Contorno y sus estertores) hasta la institucionalización de la teoría literaria con la vuelta de la democracia y la reformulación del programa de estudios de la carrera de Letras —gracias a la llegada (o el regreso) de figuras como Ludmer, Pezzoni y Panesi—. Si bien el núcleo del asunto es precisamente el medio, o sea “los setenta”, Peller puede despegarse de cualquier tipo de referencia historiográfica para proponer ese significante como lo que es, o mejor, como lo que implica decirlo en nuestra coyuntura: más un concepto que una referencia epocal, una operación crítica antes que otra cosa. Habría que pensar que ese término, el “setentismo”, es también el nombre de una doble pasión: la del sujeto y la de la teoría, ambos desmembrados, repartidos fragmentariamente en uno u otro lado; ambos insistentes, dándose ya desde la idea del “regreso”, como la lógica espectral que señala Derrida en Espectros de Marx. ¿Y acaso el libro no se trata de eso, de “espectros”, de cosas que regresan y que se ubican entre el auge posestructuralista y los designios del intelectual comprometido?

La teoría, entonces, no puede articularse como un saber relativamente monolítico, digamos, entero, hasta su institucionalización, y lo que tenemos en las operaciones críticas “setentistas” es precisamente un darse parcelado de lo teórico, ya sea en los intentos más performático-artísticos que académicos de la revista Literal, ya sea en los entuertos biográficos de Oscar Masotta, ya sea en la atracción por la sociología de Punto de Vista y sus discursos derivados (Sarlo, Altamirano, hasta el propio Piglia). La profusión de nombres propios en el libro debería entenderse como el otro polo, necesario, del asunto: la “pasión por la teoría” que establece Peller (con ecos de Badiou) es también la pasión por el sujeto, y si las lecturas de protagonistas de la época —como Sarlo o Terán— señalan la importancia de pensar los setenta como un momento de ebullición de ideas frente a cualquier “yo” que busque imponerse, Pasiones teóricas puede plantarse polémicamente y mostrar que, tanto en los discursos de esa época como en las lecturas del presente, no se deja de hablar de lo subjetivo, de lo que les pasó a algunos y de cómo deberían haber sido o deberían haberse comportado ciertos sujetos. Digamos, para apurar el final: la ética como contrapunto necesario de la teoría, como su único y más inmediato fantasma.

Junto con Muerte y resurrección del autor (1963-2005), de Marcelo Topuzian, aparecido en 2014, el libro de Peller nos invita a pensar en este momento fuertemente reflexivo de la teoría literaria local. Por un lado, exhibe su recurrente operación: presentarse como “teoría” en la medida en que es crítica de la crítica, o sea, metacrítica, único destino posible de nuestro gusto “nacional” por el enfrentamiento. Por el otro, se permite pensar la teoría en otro momento de sus regulares o eternas crisis: frente a la avanzada de los estudios culturales, volver a pensar en una categoría tan problemática como la de “sujeto”, tanto en las derivas de la French Theory como en los arrabales sudamericanos que sabemos fatigar, es el gesto más evidente de un afán por defender un territorio o, para no caer en el patetismo de la metafórica bélica, la sugestiva propuesta de presentar a ciertos fantasmas entrando, una y otra vez, ominosos, por las mismas ventanas.

 

Diego Peller, Pasiones teóricas. Crítica y literatura en los setenta, Santiago Arcos, 2016, 376 págs.

11 May, 2017
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