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La casa de los eucaliptus

Luciano Lamberti

LITERATURA ARGENTINA

La casa de los eucaliptus es el libro más reciente de Luciano Lamberti. Cordobés de San Francisco, con una obra en marcha que hilvana cuentos, poemas, una nouvelle  y otras múltiples intervenciones en medios culturales, Lamberti aparece afiliado a un movimiento de renovación narrativa en el que también se contarían Selva Almada o Carlos Busqued, cosa que él mismo ha puesto en duda. Coloreados con la geografía, la idiosincrasia y el imaginario del interior argentino —un espacio que a veces se tipea con “I” mayúscula—, los cuentos de este libro rehúyen la contrariedad que supone narrar lo común allí donde lo común parece alcanzar su cénit y se bifurcan hacia otro dominio fundado en torno a lo secreto, a lo tenebroso o a la mutación fantástica, ocurrencia oportuna que es, además, una de las claves del género y está destinada a provocar una impresión en el lector que, o bien refuerza su voto de inocencia mientras lee, o bien le imprime una agitación última que lo descoloca. Una voz interna y una suerte de portal hacia la infancia en “Los caminos interiores”; un muerto que vive y se desintegra mientras vive muerto en una piecita en “El tío Gabriel”; el diablo camuflado de skater en “Los chicos de la noche”, o el “señor D” y la semivida del ex presidente subterráneo en “El espíritu eterno” son algunos de los giros que desfiguran tramas hasta entonces perfiladas desde los más típicos lugares  de la rebeldía adolescente, un velatorio o los recorridos habituales de un médico rural. Como si en el acto mismo de narrar se reformulara esa tesis que dice que un cuento cuenta siempre dos historias, y que el arte del cuentista está en saber cifrar una en la otra, lo que ocurre aquí es un quiebre y una torsión. El orden de las causalidades se interrumpe y en su lugar hay un salto: de skater a diablo, o de pintor a bestia alada. La fuerza que impone el pasaje es apremiante y descree de la cautela de la dosificación: los seres irrumpen y las cosas suceden. Puestos a sacudir, los relatos sacuden. Acaso el costado más oscuro de un volumen que remite a diversas oscuridades y se asoma a la provocación lo perfile el cuento que da título al libro. Renato, su protagonista, cooptado por una entidad denominada “La Visita”, se vuelve un asesino. Sus víctimas son mujeres a las que “La Visita” sentencia por razones de su vida lujuriosa. En el rito de depuración son escarmentadas, violadas y sacrificadas, y el fin trascendente para el que Renato maniobra es limpiar la cizaña que corrompe al mundo. Sin embargo, y aunque la tragedia devora también al personaje y a su familia, ¿cómo leer este cuento en un contexto de abusos y femicidios cuyas motivaciones son muchas veces argumentos como los que sostienen su trama de purgas y eliminación? ¿Es “sólo” pulcra y despreocupada literatura —otra versión de Jekyll y Hyde—, despegada del entorno en el que frases como “ella necesitaba esa violación” o “no le iban a quedar ganas de hacerse la puta” resuenan? ¿Resulta abusivo o desleal confrontar una ficción y la realidad? ¿Es un descuido, un desafío de incierta factura? ¿O “La Visita”, esa cosa con estatuto de monstruo, es otra materialización narrativa de aquellos juicios que se nos pegan y nos vuelven a nosotros mismos monstruosos?

 

Luciano Lamberti, La casa de los eucaliptus, Literatura Random House, 2017, 192 págs.

25 Ene, 2018
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