Milo J., el niño de papel en el Tiny Desk
¿Sería demasiado apresurado postular una particularidad que pueda englobar algunas escrituras actuales? ¿O buscar un elemento que pudiera llamarse característico para verlo como algo propio de nuestra época? Quizás un distinto tipo de juntura con lo real en eso que todavía consideramos como relativo al plano de la ficción, y también una peculiar agilidad en las maneras de escribir, una relación diferente con la velocidad. Cierta ligereza que ubica al lector en otros modos de lectura, ágiles también, quizás más directos y fluidos, y donde la inteligencia del texto irrumpe más bien como chispazo, como un brillo fugaz que no por eso es menos intenso. Esos destellos no es que se apaguen rápido, sino que, una vez que iluminan, ya pasan a otra cosa, ya están ocupados en generar chispa en otro lado. El texto produce así una especie de chisporroteo y un crepitar, como sucede con el fuego cuando se quema una madera. O tal vez mejor: como un cable en el momento en que se produce un cortocircuito.
Soberbias, de Caterina Scicchitano, es un libro desenfadado, inteligente, lleno de humor, ligado en su configuración híbrida a lo que, intuitivamente, uno consideraría dentro del ámbito de lo actual, o que capta algo de ese orden. ¿Es un poemario? No. ¿Es poesía? Sí. Son prosas breves que, podría decirse, ni niegan ni afirman lo que son, tal vez porque la pregunta por el qué de la forma le resulte irrelevante al propio libro. Scicchitano, en esta colección de pequeñas irrupciones discursivas urbanas que van conformando el texto como unidad, parece haber pensado, en todo caso, más bien en términos de un formato (dicho para nada con el matiz peyorativo que puede cargar el término) que de un género propiamente dicho. Un formato (la forma breve) que le permite, por un lado, hacer pasar lo que dice, pero también hacer visible (y audible) un gesto, una mueca de altanería que les da tono a los textos y a través de la cual esas voces se autorizan a sí mismas.
Los textos de Soberbias son alocuciones dichas en un contexto muchas veces indefinido que la autora, por así decir, se inventa para decirlas; frases mordaces que, en la continuidad de la lectura, van acoplando y desperdigando significaciones. El sentido se junta y se dispersa con ese ritmo rápido, de relámpago, que es propio del libro, y en la coincidencia tonal construye una suerte de caja de resonancia: son voces críticas y a la vez banales, casi siempre sarcásticas o impugnadoras, que al leerlas quedan sonando. Por momentos, uno podría representarse en ellas, por el modo en que irrumpen con su enunciación, la figura de una estandapera corrosiva. Pero del stand up, que es un formato altamente codificado y que trabaja con contenidos generalmente convencionales y situaciones reconocibles para causar su golpe de efecto, que es la risa, Scicchitano solo toma el punto de partida, el momento inaugural: el instante en que alguien se para y, de la nada, se pone a hablar sin mediaciones con el único objetivo de emitir una serie de opiniones, casi podría decirse de manera inmotivada, sin que nadie se las haya pedido. Pero con ese gesto, se arma una escena: “Y bueno, sí, la verdad tengo que admitir que estuve desvariando un poco estos días. Traté de no creer en nada y no tener creencias o pensamientos mágicos. Pero creí en todo y tuve aún más pensamientos mágicos poco probables en la realidad como: esta tarjeta de débito no se acabará nunca. Y hoy llegó el día en que tal vez deba guiarme más por la realidad y no escaparla”.
Tal vez pueda escucharse en Soberbias, incluso, una especie de subtexto que les da amalgama a esas voces; una sutura que, por lo mismo que las une, las desarticula: la dificultad o la imposibilidad actual de sostenerse y ampararse coherentemente en cualquier discurso crítico en el mundo en que vivimos sin caer, a su vez, en contradicciones de hecho. Es como si, no importa si conscientes o no de lo que dicen, las irónicas celebraciones del consumo, las bufas frente a los ideales bienintencionados o las cansadas objeciones al imaginario cool de la cultura indie que se explicitan en el libro asumieran todas ellas la misma presunción y la dijeran sin decirla: una revolución (cualquiera sea que haga más vivible y habitable nuestro mundo) hoy no es posible.
Caterina Scicchitano, Soberbias, Mansalva, 2025, 64 págs.
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