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En los extramuros del mundo

Enrique Verástegui

LITERATURA IBEROAMERICANA

Este primer poemario de Enrique Verástegui, publicado en 1972 (aunque en su edición original se indique que la fecha de impresión de la editorial Carlos Milla Batres es 1971), se presenta ahora en una nueva edición en España, publicada por el sello Esto no es Berlín. Los poemas de Verástegui, uno de los fundadores del neovanguardista grupo poético peruano Hora Zero (a pesar de formar parte de su, en palabras del propio Verástegui, “parte teórica discrepante”), se acompañan en esta edición de textos de Bruno Montané, Carlos Villacorta, Florentino Díaz, Roger Santiváñez y de la mujer del poeta, Carmen Ollé, y de un apéndice que incluye dos textos añadidos por el propio Verástegui a las reediciones peruanas de su libro en 2013 y 2016, además de un dossier visual con fotos del poeta.

En los extramuros del mundo comienza à la Ginsberg, aquí estableciendo un diálogo con el poeta Lezama Lima, una suerte de Aullido en el que, lejos de dejarse guiar por el viejo poeta, es Verástegui quien lleva a Lezama “prendido como un laurel sobre el ojal de mi camisa” (el barroquismo de aquel se presenta incapaz de dar cuenta de una realidad infernal y, por tanto, se convierte en fetiche). Una apertura desesperada, sórdida, pero no exenta de fuego, brillo y ardor. Un grito por la infinitud.

Verástegui recorre la ciudad para enunciarla, con sus obstáculos y sus promesas. Verástegui vaga por Lima y, al mismo tiempo, teoriza sobre el amor. Pero no es un flâneur, pues de su observación apenas emerge sino un grito atormentado. Su mirada detecta la hostilidad de la ciudad, que provoca el desencuentro entre ambos. No es un sujeto que deambula sino alguien que se siente perdido. Es un desamparado: pobre e incapacitado.

La Lima de En los extramuros del mundo es una urbe de pesadilla, que sólo es soportable gracias al calor amoroso de la memoria (particularmente de la amada, Vivian). Una Lima que se nos presenta como experiencia del lenguaje, como estructura y ritmo. Un encierro, una soledad de “hombres y mujeres carcomidos por la neurosis”, donde se halla “la pálida gente recostada contra la pared del silencio”.

Este libro se pretende espejo de la experiencia del migrante que llega a la ciudad de Lima: la experiencia del habitante de la periferia respecto al centro. Y ello a través de la fuerza del deseo.

El poemario es un hermoso canto desesperado dividido en dos grandes secciones. Y es, en última instancia, una teoría del mundo. Su primera parte es la visión psicogeográfica de un yo descentrado, a la deriva, que busca el sentido del amor y que, en su errabundia, recorre la ciudad atónito, debatiéndose entre la rabia y la nada. En la segunda parte del libro, ya fuera de la ciudad (en los extramuros), se produce el encuentro con Sonja, un largo aprendizaje del sexo y la muerte, “una lenta y amarga experiencia”. Un intento por transponer, a través de la insondable oscuridad poética, la irrealidad de la ciudad en un pensamiento espléndido, que le permita al poeta “caminar libremente por el espacio abierto”.

En los extramuros del mundo es un libro lleno de una poesía viviente y desenfadada, que es en última instancia un análisis político materialista de la Lima de los años setenta, en la que el sujeto ahíto de modernidad se ve atenazado por el inmovilismo social. Contra ello, Verástegui opone esta experiencia visionaria, detrás de la que se intuye un cierto paraíso posible.

 

Enrique Verástegui, En los extramuros del mundo, Esto no es Berlín, 2019, 118 págs. 

9 Jul, 2020
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