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MÚSICA

Durante mucho tiempo, la música de tradición académica fue la que el sello Deutsche Grammophon y directores como Herbert von Karajan y Karl Böhm, al frente de las Filarmónicas de Berlín y Viena, decidían grabar. Las orquestas norteamericanas –en particular la Filarmónica de Nueva York– repetían en gran medida ese modelo, y su herencia se cristalizaba en la elección de directores europeos y partía de Antonin Dvorak y Gustav Mahler.

Las llegadas de Leonard Bernstein –el primer estadounidense en conducir la Filarmónica– y, luego, de Pierre Boulez –europeo, pero con otro repertorio en la cabeza– incorporaron al canon algunos nombres diferentes (Samuel Barber, Aaron Copland, el primero; la segunda Escuela de Viena, el segundo). El último disco de la Sinfónica de San Francisco, dirigida por Michael Tilson Thomas, un discípulo de Bernstein, ya desde su título, “inconformistas americanos”, habla de un canon alternativo.

Henry Cowell, nacido en California en 1897, fue el creador –a los 16 años– de unas especies de pequeñas reglas con las que podían tocarse en el teclado del piano grupos de notas contiguas (clusters) y aplicó ese principio a sus obras orquestales. Desde un lugar casi secreto, es uno de los compositores más influyentes del siglo pasado, y su Synchrony, de 1930, pensada inicialmente como un espectáculo multimedia que incluiría juegos de iluminación y una coreografía de Martha Graham (que, al final, no fue completada), se erige aquí como una pieza fundante del modernismo (norte)americano.

El Concierto para piano combina ese espíritu pionero con una suerte de misterioso lirismo y el legado del “concierto virtuoso” como forma en sí misma –con la formidable participación de Jeremy Denk como solista–. Los nombres de los movimientos –“Polyharmony”, “Tone Clusters” y “Counter Rhythm”– anuncian, literalmente, sus principios constructivos. En el Concierto para órgano y orquesta de percusión (1973), Lou Harrison –un discípulo de Cowell– lee –se apropia de– usos rítmicos de los gamelán balineses, los cruza con un modalismo americano, lejanamente ivesiano, y produce una obra asombrosa.

Amériques, de Edgar Varèse, más allá de su título y sus sirenas y bocinas –y del gigantismo que implica un orgánico de 125 instrumentistas– es, según su autor, “una pieza de música absoluta, sin relación alguna con los ruidos de la vida moderna”. En todo caso, la posibilidad de usar ese tejido sonoro como material es una apuesta con la que ese extranjero recién llegado inventa, en 1921, mucho de lo que América sería en el futuro. American Mavericks, publicado por el propio sello de la Sinfónica de San Francisco –que junto con su titular, Tilson Thomas, encara además notables programas educativos–, reúne grabaciones en vivo tomadas de dos conciertos presentados en la Davies Symphony Hall, en diciembre de 2010 (Synchrony) y en marzo de 2012 (el resto de las composiciones). El registro es de una fidelidad ejemplar.

 

San Francisco Symphony, Michael Tilson Thomas (director), Jeremy Denk (piano), Paul Jacobs (órgano), American Mavericks: Henry Cowell: Synchrony, Piano Concerto; Lou Harrison: Concerto for Organ with Percussion Ensemble; Edgar Varèse: Amériques, SFS Media, 2012.

23 May, 2013
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