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Interludios melancólicos

muta.DOMO.i

MÚSICA

muta.DOMO.i llama la atención desde su propio nombre: esa minúscula inicial, gracia tipográfica que a su vez invoca el signo de lo que se transforma. Novedad presentada con letra chica aunque para hacerse grande. Pero ¿qué es muta.DOMO.i? En principio, podríamos decir que se trata de un cuarteto integrado por cuatro ciudadanos de la musique savante o contemporánea, o moderna, blasón abandonado a medias para hacer pie en un territorio que todo lo habilita: la canción. Juan Cerono (composición, arreglos, voz, guitarra), Marcos Franciosi (composición, arreglos, piano y sintetizadores), Luciano Giambastiani (clarinete y arreglos) y Agustín Salzano (violonchelo, arreglos) acaban de editar un disco en que el que se resume más de un año de búsquedas y conversiones: el paso de DOMO, nombre del primer trabajo, a muta.DOMO.i, es también un salto mayúsculo. Habría que cuidarse con la hipérbole y no condicionar al oyente, pero me resisto a disimular el entusiasmo con el disfraz de la distancia. Interludios melancólicos debería ser considerado entre lo mejor que se ha hecho a lo largo de 2017. Un disco de canciones, dijimos. Pero ¿de qué canciones hablamos? Bastaría escuchar “Bienvenida con aplausos a la persuasión azarosa” para detectar hasta dónde se tensa esa misma idea que ya no es nueva pero sigue siendo desafiante. Desde los sesenta la canción pop/rock es un verdadero laboratorio de nueva escritura (en el estudio). Pronto se descubrieron posibilidades emancipatorias de la forma de tres minutos. Desde el clave que toca George Martin en “In my Life” hasta las orquestaciones de “A Day in the Life” y “I Am the Walrus”; de “Plastic People”, de The Mothers of Invention, a “Más largo que el ciruela”, de Los Shakers, la canción abrió la puerta a todo: el primitivo cut and paste con las cintas, las técnicas de la vanguardia académica, el soplido del free jazz, la reterritorialización de lo tradicional. Caetano Veloso convirtió ese impulso en programa cuando cantó en “Lingua”: “Si tenés una idea increíble, es mejor hacer una canción / está probado que filosofar sólo es posible en alemán”. Interludios melancólicos renuncia a la filosofía y espolea la zona incrédula de todo oyente, al revelarle aquello que todavía no se dijo de esa manera; darle, como se dice en “La mudez de las ruinas”, una respuesta musical a las “preguntas que se calcinan al sol”. Cerono está llamado a convertirse en una voz poderosa de los años que vienen: hay algo en él, en su manera de cantar, componer y estar en escena, de Miguel Abuelo y Luis Alberto Spinetta, pero mucho de cosecha propia y de creativa interacción con Franciosi, cuyo imaginario sonoro acaba de hacer cimbrar a la Ballena Azul del CCK con la obra sinfónica Las aguas. El mundo interno de Franciosi, acaso uno de los protagonistas más relevantes de la escena contemporánea, se filtra, drena, resignifica las pistas de Interludios melancólicos. Baste como ejemplo el uso de las flautas en “La caricia heroica”: no tiene precedente en el mundo de la canción. El clarinete de Giambastiani le da al disco, a su vez, un toque que lo emparenta con los usos de los vientos solistas en Trout Mask Replica, el monumental disco de Captain Beefheart & His Magic Band de 1969. Salzano también aporta su cuota de distinción. Hay en Interludios melancólicos canciones más puras, pero no menos hermosas, como “Nociones erróneas sobre la ingravidez”, a la que Cerono da vida a dúo con Gabo Ferro mientras los acompaña Juan Carlos Tolosa al piano. Además de tener un refinadísimo trabajo de espacialización y mezcla, con el aporte de Mauro Zannoli, el disco incluye un verdadero seleccionado de intérpretes que resaltan su singularidad: el Nonsense Ensamble Vocal de Solistas, el Cuarteto de Cuerdas de la UNTREF, el dúo MEI de flautas, Fernando Manassero (acordeón), Dana Najlis (voz), Margarita Fernández, Santiago Segret (bandoneón), entre otros. Interludios melancólicos no lamenta el pasado ni hace su duelo con aquello que la música “alta” no podrá nunca ofrecer: es un golpe de presente en un tiempo que ha desterrado la palabra futuro, salvo para las operaciones cambiarias.

 

muta.DOMO.i, Interludios melancólicos, Mamut Records, 2017.

14 Dic, 2017
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