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La investigación

Philippe Claudel

OTRAS LITERATURAS

La novela más reciente del laureado Philippe Claudel puede leerse como un remedo de la literatura de Kafka. Pero allí donde el autor de El castillo sortea siempre cualquier intento de encorsetamiento, a Claudel se le notan las costuras. Comencemos por el argumento. Un investigador llega a una ciudad que desconoce con el encargo de averiguar las causas de la inusual ola de suicidios que se viene dando entre los empleados de una empresa. El recién llegado es un ser “evanescente”, “su presencia —dice el narrador— tenía la vaguedad de la niebla, de los sueños o del aliento que exhala una boca”. Al igual que sucede con todos los personajes, su identidad está despojada de nombre propio y se lo designa por la función que desempeña: “el Investigador” (otro tanto sucede con los lugares, designados con referencias abstractas). Como si hubiera ingresado en una lógica de otro orden, el Investigador soporta la puntual arbitrariedad climática, los obstáculos de la estratificación burocrática y la distorsión de las proporciones. Los enredos para conseguir una habitación, para obtener el desayuno, ¡para cruzar una calle!, que dilatan la posibilidad de realizar la tarea, están narrados con gags y gestualidad de cine mudo. Además de novelista, Claudel es un director de renombre, lo que se advierte en la construcción de escenas con predominio de lo visual; y a los guiños más o menos solapados a Playtime, de Jacques Tati, y a Barton Fink, de los hermanos Coen, se suma incluso una escena (la del desayuno) que recuerda al Lars von Trier de Las cinco obstrucciones. Cuando finalmente logra ingresar en la empresa, el Investigador espera encontrarse con el Fundador, quizá el garante último de esta “parodia de realidad”. Débil, ya sin esperanzas, observa las paredes caer como decorado y se ofrece a sus ojos una llanura repleta de contenedores bajo una luz incandescente. En cada contenedor hay un hombre encerrado pugnando por salir. Una sombra viene a su encuentro. El diálogo con la sombra dispara un cataclismo existencial. Para entonces, hace rato que el tono de levedad elegante y simpaticona devino corrección política moralizante y aleccionadora para rematar, sobre el final, en una meditación con tintes metafísicos. Desde el comienzo, La investigación mantiene un vínculo ambiguo con la literatura kafkiana. La alegoría demasiado cristalina da como resultado un Kafka pasteurizado. Pero en una maniobra de última hora, el Investigador pasa de cuestionar la trama de la realidad y la propia existencia a barruntar que es un personaje de ficción. Después de dos novelas que evocaban la Primera y Segunda Guerra Mundial (Almas grises y El informe de Brodeck, respectivamente), La investigación sugiere que el campo de batalla contemporáneo es más escurridizo.

 

Philippe Claudel, La investigación, traducción de José Antonio Soriano Marco, Salamandra, 2018, 240 págs.

20 Sep, 2018
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