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De qué están hechos los poemas y las historias, a qué tierra pertenecen, es una de las preguntas que guían los Poemas de la tierra / Poesie della terra, de Alessio Brandolini. La publicación bilingüe de Edizioni Fili D’Aquilone de noviembre de 2025 es una reedición del libro, publicado originalmente en 2004, también en dos idiomas. Brandolini es traductor, coordinador de una revista digital y editor del sello que ha publicado a un gran número de autores y autoras de América Latina y de España. En italiano y español, entonces, el libro también viene acompañado de ilustraciones y de dos textos críticos, prólogo y posfacio, a cargo de Martha L. Canfield y Mario Santagostini, respectivamente.
Poemas de la tierra es en principio un poemario de la memoria y de la herencia. “La tierra es todavía nuestra”, comienza. Son poemas del pasaje, del trabajo sobre ese “terreno paterno” (el libro está dedicado al padre), un trabajo duro, según comenta Santagostini, que solo en la dureza adquiere valor humano. Muy lejos de la armonía, la tierra en estos poemas propone una memoria de lo no pulido, de lo impuro. Las acciones de tajar, excavar, podar, quemar, recorren el texto como complementarias de la siembra, de los brotes “tupidos y tenaces”. Estas acciones son también metáforas de la memoria, de un pasado que se busca conseguir, desplazado al futuro. “Tienes este rostro / dulce y tranquilo / que se reconstruye solo / cuando me vienen / ganas / de rascarlo para siempre / de las paredes / arcaicas de la mente.”
Cortezas ásperas, moho, telarañas. El sentido prioritario en esta poesía es el tacto, antes que el sonido o la vista. Las imágenes se construyen a través de la materia, la temperatura, la humedad, y no solo gracias al contrapunto entre luz y oscuridad. En esa erótica el pensamiento se desliza en la misma atmósfera del entorno. Va y viene de lo que se observa a lo que se gusta o se toca. Solo en ese vaivén es posible transmitir ese encuentro con la tierra: “y es así que uno regresa / a casa llevando en la boca / el único durazno / que se salvó de la helada”.
Son, además, poemas del ímpetu de lo que se abre paso, de los nuevos comienzos. Lo natural, en ese sentido, aparece en las formas de la destrucción y la renovación, en los modos de la violencia como fuerza creadora, a diferencia de las violencias de las ciudades (que en el poemario aparecen como recuerdos de las bombas, de las guerras y los alambres de púa). En esta tierra, en cambio, el enfrentamiento avanza junto al ritmo de lo vivo. “En el suelo los frutos / vaciados por los gusanos / se vuelven presa / de hormigas hambrientas / de arañas rojas / con boca de tenazas”.
El vocabulario de estos Poemas de la tierra está lleno de nombres de frutos y árboles, como nogales, rosas, moras, cerezos, olivos, albaricoques, higueras, hiedras, castaños, nísperos. La variedad no apunta a la abundancia sino más bien a la construcción de un mundo singular, trazado con definición. En él, trabajar, descansar y escribir son actividades equivalentes y corporales, sometidas a los cambios del día a la noche, del calor a la frescura.
Podría decirse que el tono de estos poemas es el de una gran fuerza de juventud. Quien escribe se asemeja, en alguna medida, a ese Walt Whitman de Hojas de hierba. Joven siempre, más allá de cualquier edad, porque la metáfora de la naturaleza creadora y las escenas, complementarias, de lo cíclico, así como las del poeta en tanto hijo que transforma el mundo, se ubican dentro de la mejor poesía moderna. Y también porque en este libro una economía de lo natural se impone en su diferencia. Lejos de obtener o querer más, el poeta es el que potencia lo mínimo, lo contado. “Limitarse a poco: susurros / y yo enseguida pienso: comas / sí, a lo mejor cada tanto / un lindo punto”.
Alessio Brandolini, Poesie della terra / Poemas de la tierra, edición y traducción de Martha L. Canfield, Edizioni Fili d’Aquilone, 2025, 80 págs.
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