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Toda la verdad

Mike Tyson

OTRAS LITERATURAS

“A veces me odio. Nunca quise ser ‘Iron’ Mike”, ha dicho Mike Tyson. André Agassi dijo algo parecido. ¿El deporte de élite no lleva a la felicidad? Este libro narra la agitada vida de Mike Tyson, boxeador musculoso y negro —obvio—, que en 1986 fue el campeón mundial peso pesado más joven de la historia.

El escritor Larry Sloman grabó largas conversaciones con Mike y este es el resultado: una vorágine de puñetazos con guante gordo, ríos de cocaína, mujeres bonitas que se arrimaban al pegador para darle la pasada. Entre mil otras cosas. Y sentimientos, buenos y malos.

Desirée Washington —reina de belleza— lo acusó de violación en 1991. Tres años de cárcel por un juicio mal llevado. Dice Tyson: “No violé a Desirée”. Él tenía veintiséis años y un miembro demasiado grande para ella. La cosa fue tema por las supuestas lesiones íntimas. Tyson asegura que fue sexo consentido. Para darse a entender, describe el lance. Ante cierto detalle “glup”, los lectores de ambos sexos arrugarán la cara.

Las autobiografías de gente del espectáculo —cine o deporte— son un género en sí mismo. ¿Vida de famosos con escándalo? Redención escrita y superventas. Toda la verdad no está mal: tiene el mérito de la sinceridad extrema, pero agota tanto como un round con su protagonista. No es verdadera literatura, pues esta es el arte de la contención y la forma. Como sea, Mike nos enternece: niño malo-bueno al que le manejan la vida.

Celebramos el truco del pene falso que una vez usó para aprobar un test antidoping, pero ya en la página siguiente nos marea tanto personaje secundario. ¿Quién dijo qué? ¿A quién se refiere el narrador en tal frase? Demasiados amigos, amantes, asesores, abogados, boxeadores, prostitutas, cafiches, drogadictos, entrenadores, managers, jueces, policías, actores de cine, estafadores, parientes, ex esposas, periodistas, hijos, admiradores. Todos con sus nombres o apodos. Aquí faltó, y cómo, un índice de nombres: puntito en contra.

Igual no más, vemos con gran nitidez al anciano entrenador Cus D’Amato, notable personaje: Mike tenía trece años cuando este italoamericano de setenta y uno le aseguró que sería campeón mundial. Tyson lo consiguió a los veinte, pero D’Amato había muerto un año antes. Tenían medio siglo de diferencia: para Mike, este viejo que lo atormentaba a gritos con la dieta y con su mañosa técnica de menear la cabeza para desorientar al rival fue su “única figura paterna”. Esos dos se querían.

Cuando niño, Mike robaba en casas particulares entrando por las ventanas. Su señora madre, entre tanto, se emputecía literalmente en la cama —no siempre se daba gratis— con señores bien diversos. Para comer, tal como Tyson se convirtió en “Iron” Mike “para sobrevivir”. Él dice odiar a su “personaje”, pero disfrutaba con el pavor que infundían su cara, sus dientes con oro y sus puños de metal pesado. Eso sí, era un muchacho —y un hombre— muy sensible, afirma Sloman. En casa de D’Amato, el creciente y pigmentado jovencito leía a Nietzsche, a Dumas y a Poe: alcohol, venganza y súper-hombre, tres lecciones de vida.

Un día, Tyson ve a su mujer Robin Givens con Brad Pitt. Ella, agachadita, parecía estar haciendo aquello. Brad se pone de pie “hecho un flan”, rogando a Mike que no le parta la cara. Y el púgil no golpea. En 1997, con temible actitud, mordió la oreja de Evander Holyfield y escupió el trocito a la lona. Aquí explica por qué. Si se lo tragaba —intuimos nosotros—, zas que arruinaba su reputación humana.

La traducción, españolísima, suena cómica en nuestro país. A veces, roza la incomprensión momentánea: si Mike “se benefició una zorra”, será que realizó el coito con una dama ligera. Solía caer en ello. Muchísimo sexo, sí señor, pero también están el boxeo y ese brutalizante mundo de alianzas, traiciones, neuronas intoxicándose y negocios millonarios. Léase por pedazos.

 

Mike Tyson, Toda la verdad, traducción de Antonio Lozano Sagrera, Océano/Nefelibata, 2016, 512 págs.

 

Esta reseña fue publicada en Ultimas Noticias de Santiago de Chile en febrero de 2017.

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