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Trabajar cansa / Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Cesare Pavese

OTRAS LITERATURAS

En esta nueva traducción de dos libros capitales, Jorge Aulicino nos brinda instrucciones de lectura para pensar cómo Cesare Pavese devino el héroe lírico que conocemos. Recordemos que pocos años atrás se reeditó el mismo libro (dos en realidad, que siempre van juntos) en la recordada traducción de Rodolfo Alonso (Alción, 2011). Y que cada traductor ensaya una obra personal, o singular, y por eso diferente. En esta edición hay un registro epigramático, cuidado, medido, que no pierde de vista las formas nítidas del habla en castellano.

Pavese logra expresar acciones humanas mediante una perspectiva cercana al realismo, en la que el poema está atravesado no sólo por la emoción del poeta, sino por las condiciones sociales y el universo exterior que a menudo excede los límites de la palabra. La lengua y la realidad son planos que se corresponden en la escritura. De hecho, este último es un tema que se recupera en varias lecturas en las que se aborda la obra de Erich Auerbach y su continuidad en los versos del poeta italiano.

Hay poemas que se leen como síntesis entre epifanía y narración. “Los mares del sur”, por ejemplo: “Algunas luces en la distancia, casitas, automóviles / que se oyen apenas. Y yo pienso en la fuerza / que me ha devuelto a este hombre, arrancándolo del mar, / de las tierras lejanas, del silencio que dura. / Mi primo me habla de los viajes que hizo; dice, seco; / que ha estado en este lugar, aquel otro, / y piensa en los motores. […] Pero cuando les digo que es de los elegidos que vieron la aurora / sobre las islas más bellas de la tierra, / sonríe al recordarlo y responde que el sol / se levantaba cuando el día era viejo para ellos”. Aulicino observa en sus notas que en estos versos está Odiseo, con un resplandor propio y familiar, descendiendo desde las colinas, y que dialoga con el poema “Ulises”, a modo de contrapunto, al integrar al mítico héroe homérico a un universo cotidiano y casi bucólico o rural.

De modo semejante, la mirada de Pavese parece orientada por la lentitud: la vida campesina, el corazón de la ruralidad con sus ciclos continuamente repetidos, como en “Grapa en septiembre”: “También el agua del río ha bebido la orilla / y la macera en el fondo, en el cielo. Las calles / son como las mujeres, maduran inmóviles. / A esta hora cada uno debería detenerse / en la calle y mirar cómo todo madura. / Hasta hay una brisa que no mueve las nubes / pero alcanza a conducir el humo azulino / sin romperlo: es un nuevo sabor que pasa. / Y el tabaco se empapa de grapa. Y así las mujeres / no serán las únicas que gocen la mañana”. Es la forma circular del tiempo que atraviesa las horas, las semanas, los años, y marca el compás de cada línea en el horizonte que observamos. Es una contemplación real del mundo. Se diría que el poema central de Pavese, o bien el más leído y citado, es “Vendrá la muerte y tendrá tus ojos”, tal vez la última y máxima experiencia de intensidad a la que podríamos aspirar. ¿No será la poesía el límite con la totalidad de lo existente? ¿Un recordatorio de lo que ya no existe entre nosotros? ¿Y de lo que podría haber sido y no fue? Aulicino considera que estos poemas articulan un mito, una forma de la verdad que no requiere demostración porque se impone por sí misma. Por mi parte, creo que si hoy releemos a Pavese en otra lengua, en otro tiempo, en otro país, es porque algo de ese mito ha perdurado: llega a nosotros como las voces de nuestros antepasados, que aún resuenan a miles de kilómetros de su lugar de nacimiento.

 

Cesare Pavese, Trabajar cansa / Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, traducción y prólogo de Jorge Aulicino, Griselda García Editora / Ediciones del Dock / Cartografías, 2018, 182 págs.

13 Sep, 2018
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