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TEATRO

Hay astillas de personajes sin nombre, fragmentos dramatúrgicos, narraciones interrumpidas, situaciones que estallan, conmueven y se desvanecen, monólogos interiores que exponen subjetividades heridas o simplemente el runrún mental —neurótico, risible y enternecedor— de la cotidianidad de cualquiera. En definitiva, lo que queda en pie y dota de continuidad a Inspiratio son sus tres actores (Leticia Mazur, Agustín Rittano y Julieta Vallina: brillantes) que, con virtuosismo técnico, dan saltos mortales emocionales y con precisión implacable se apropian de un texto que cimbrea entre pasajes de gran intensidad poética y otros de ironía juguetona.

Tres paneles móviles son suficientes para formar los pequeños escenarios y tarimas sobre los que se alternan los actores para hacer de fugaces personajes, espectadores, directores o… ¡actores! Sí, esta es una obra sobre los actores, sobre la ficción que se monta, frágil, a partir de sus cuerpos; finalmente, sobre esa cuerda floja en la que todos hacemos equilibrio en la vida social: la representación. El gesto, la mirada, el rostro y sus partes son tematizados y analizados, ya sea en una entrevista con una suerte de terapeuta o en un montaje en abismo. ¿Es posible que esa actriz alcance un estado de gran intensidad emocional casi sin un recorrido dramático que la contenga? Desde una plateíta armada ad hoc, los otros dos observan a Mazur como si fueran los malvados directores de un casting. El espectador sigue la escena con algo de tensión hasta que la lágrima surca la cara y se constata la proeza, interior y exterior a un tiempo.

Si el teatro de Mariana Obersztern tuvo uno de sus puntales en la construcción de dispositivos escénicos más que sugestivos —en general, realizados por artistas visuales—, que funcionaban como instalaciones semiautónomas asociadas al mundo ficcional postulado —como sucedía, por caso, en Dens in dente (1998), Lengua madre sobre fondo blanco (2002) o El aire alrededor (2003)—, en Inspiratio se buscó, en cambio, que el soporte conceptual fundamental fueran los cuerpos “inspirados” de los actores, quienes estuvieron en la génesis del proyecto, lo que se cuenta en el texto de presentación del espectáculo. Así, tanto la música (Ulises Conti) como la iluminación (Gonzalo Córdova) y el diseño del espacio escénico, minimalistas, se restringen a lo necesario para que los actores hagan su juego.

En principio, se puede afirmar que Inspiratio es una pieza casi ensayística sobre el acto de entrega que el intérprete realiza en el escenario, pero más temprano que tarde se entiende que esa ofrenda física y emocional excede el mundo del teatro para colarse, de forma no sólo metafórica, en la esfera de la intimidad y las relaciones amorosas. Cuando ya parece que no hay manera de dar conclusión al sinfín lúdico de micro puestas en escena, los actores van más allá del límite invisible que los separa del público y completan el ritual en un cierre que sorprende y, a la vez, resulta efecto orgánico de lo anterior.

 

Inspiratio, dramaturgia y dirección de Mariana Obersztern, Camarín de las Musas, Buenos Aires, 2016.

 

5 May, 2016
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