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Muchos movimientos o poéticas del siglo XX centraron su idea en ir hacia lo pequeño y/o lo cotidiano. Hacer una poesía lejos de los grandes temas, las palabras prestigiosas, las formas aceptadas, de la figura del poeta como alguien que ocupa una posición especial, ya sea respecto de los dioses, del estado, o del común de los mortales. Pero este intento estuvo también en una línea silenciosa de poetas que están desde el inicio en lo suyo, pero que entienden lo suyo como el pedazo de tierra o pueblo, las gentes que lo habitan, su cotidianeidad. De esa vida surge la poesía, no solo como visión del poeta, sino también como escucha hacia lo que el lugar y su gente tienen y siempre tuvieron para decir, para hacer, para cantar. Lo pequeño puede no ser solo el camino, la fuente, la calle, las casas, la siesta de verano, sino el viejo Jean-Louis, las chicas que van al baile del pueblo, las lavanderas, una mujer anciana.
Entonces el poema es una forma mínima que busca en lo simple su modo de decir lo que en realidad nunca es simple: vivir, morir, cuidar, alimentarse, amarse. Así, en este extraordinario poeta que nació en 1878 en un cantón suizo de habla francesa. Poeta del petit-pays (podríamos decir el terruño), hace una poesía que conmueve porque se escribe al ritmo de los ciclos de la naturaleza, de las cosechas, de la vida campesina, donde cada detalle es una forma de estar en comunidad y en conexión con el ambiente. Sonora, plástica, por medio de pocas palabras, la poesía de Ramuz nos trae las campanadas de la iglesia, las pequeñas orquestas, los ruidos y movimientos de animales, árboles, viento, las voces.
Las metáforas tienen apariencia sencilla pero construyen esa atmósfera (“De pronto el viento pasa entre las hojas / uno diría la risa / de las niñas junto al arroyo”), una atmósfera que dice la complejidad, la soledad, de la vida y el tiempo que pasa, a la vez que la felicidad que se desprende de estar vivo y presente en los pequeños acontecimientos cotidianos. Recuerda también otras funciones y formas de hacer poesía: una que está junto a las personas y las cosas de todos los días, y por eso ocupa un lugar en la comunidad y en la vida. Va entonces hacia la forma canción, juega con algunas rimas, va y viene con un dejo alegre o melancólico, según se trate de jóvenes que se divierten o de viejos que recuerdan otros tiempos u otras personas, en poemas que eligió escribir en verso libre, a pesar de haber empezado la composición de su primer libro bajo la forma de alejandrinos.
Lo idea de lo humilde y lo pequeño (de un autor que se hacía llamar C.F. porque decía que su nombre completo sonaba aristocrático), hecha poética, hace aparecer el lenguaje poético y la poesía en toda su potencia: no como artificio, no como trascendencia, sino como experiencia volcada en palabras que dice de la vida humana. “Estaba cayendo la noche y ella salió un poco. / Estaba gris el campo / y se dejaba ver el cielo suave. / Y ella pensó: Llegó la noche. // Ella ama la oscuridad y el silencio. / Ella ya es muy vieja. Ella tose. / Entonces pasa el cartero / vestido con su guardapolvo blanco”.
La antología, bilingüe, reúne una parte importante de su primer libro, Pequeño pueblo, más poemas inéditos o desperdigados en revistas y pequeñas ediciones. La traducción le hace justicia a esta poética.
C.F. Ramuz, Pequeño pueblo. Antología poética bilingüe, selección, traducción y prólogo de Ariel Pérez Guzmán, Duino, 2026, 176 págs.
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