Inicio » OTRAS LITERATURAS » Lo que hacen los vivos

Lo que hacen los vivos

Marie Howe

OTRAS LITERATURAS

Si alguien afirmara que la muerte y la poesía, o la muerte y la lírica, son términos de una alianza ancestral, tal vez no estaría revelando nada muy curioso. Pero decir poéticamente algo respecto de quien ha muerto, sobre todo si se es deudo o familiar, es dificilísimo, y probablemente uno de los más nobles e inesperados homenajes frente a algo tan sabido y tan singular.

 Muerto joven, el “hermano” de quien compone Lo que hacen los vivos es, por supuesto, una presencia notable, dominante, “mi hermano”, modulada en tiempo, forma y plano por una voz poética casi seria pero jamás solemne, clara y directa, como si buscara lidiar con la extrañeza de la muerte y la necesidad de la elegía sin metafísicas pomposas ni fuegos artificiales. John fue un hombre común y su largo epitafio poético —un libro con cuarenta y ocho poemas: el nudo que ata esa cifra al “muerto que habla” es una coincidencia de exclusivo uso vernáculo— encabalga versos ordinarios, recortados sobre escenarios comunes —“La despensa”, “Mientras miro televisión”—, de un alcance insospechado. ¿Puede ser que ese extraño extranjero se transforme para nosotros en alguien cercano? ¿Cómo, qué red tejen los poemas como para volvernos por poco dolientes y parte del cortejo? “Bendito sea mi hermano mayor: ese chico de diecisiete que vivía conmigo / en el altillo, un príncipe exiliado, endurecido por el encierro // amargado, absorto cada noche en su tarea: construir un edificio imaginario / en el tablero de dibujo de la escuela. Sus herramientas resplandecen”. Cruzado por una enfermedad y por la andadura ogruna de un padre abusivo, el recuerdo de John a veces se escora hacia todo lo crudo que esas figuras arrastran. Elididas o volcadas en el verso, su materialidad raspa. Si hay tristeza y si hay duelo, que los hay, más que en las palabras o en las imágenes de la evocación uno diría que su peso ronda entre el ritmo y el corte de los versos, entre el impulso narrativo y la vitalidad de la línea y la sacudida que provoca la interrupción, un tempo logradísimo también por la tersa traducción rioplatense de Flor Braier y Mariángel Mauri. Mientras ella es una niña —“El chico”, “Sexto grado” o “El fuerte”—, su hermano está allí para ignorarla y protegerla, para volverse, en el recuerdo multicolor de los veranos, “un cacique: el torso desnudo / cansado del trabajo, orgulloso, solemne…”. En otra parte es todo morfina y dolor. En el final del libro, una vez que el pasado, lo memorable, su luz y su demonio fueron evocados, tamizados, medidos y trabajados en la fragua de unos dísticos de verso libre como matriz poética, la hermana puede verse reflejada en una vidriera y dejarse invadir por “un amor tan grande // por mi propio pelo al viento, mi cara agrietada y la campera sin abrochar que me quedo sin palabras: // estoy viva. Te recuerdo.”

Lo que hacen los vivos es un libro intemporal de 1998 recién y afortunadamente traducido en una muy linda edición bilingüe. Marie Howe es una poeta neoyorkina nacida en 1950, multipremiada y flamante ganadora del Pulitzer de poesía. Su hermano John murió de sida en 1989. Junto con Sharon Olds, es considerada una de las máximas exponentes de la renovación de la poesía confesional estadounidense, en su caso menos un grito de desesperación que una forma de testimonio, intimidad y reconciliación con el mundo.

 

Marie Howe, Lo que hacen los vivos, traducción de Flor Braier y Mariángel Mauri, Serapis, 2026, 88 págs.

8 Oct, 2026
  • 0

    Pequeño pueblo

    Charles-Ferdinand Ramuz

    Anahí Mallol
    8 Oct

    Muchos movimientos o poéticas del siglo XX centraron su idea en ir hacia lo pequeño y/o lo cotidiano. Hacer una poesía lejos de los grandes temas, las...

  • 0

    Tratados sobre muerte y naturaleza

    Sir Thomas Browne

    Sebastián Menegaz
    8 Oct

    Cada sir Thomas Browne redux, cada rentrée del polímata melancólico en el mercado de traducciones hispanoamericano —del ángel trastornado, como lo llamó alguna vez Herman Melville—, predispone...

  • 0

    Nocturno de Venecia  

    John Banville                  

    Juan F. Comperatore 
    1 Oct

    No hace falta haber surcado en góndola sus canales, haberse perdido en sus estrechos callejones ni haber oído el golpeteo del agua contra las escalinatas de mármol para...

  • Send this to friend