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La habitación sin barrer

Sharon Olds

OTRAS LITERATURAS

“Blanca, anglosajona, protestante” es el título de uno de los poemas de Sharon Olds y es, sin lugar a dudas, el lugar de enunciación de esta poética.

La habitación sin barrer es una antología de poemas de Olds seleccionada y traducida por Inés Garland. La característica sobresaliente de su poética es el lugar de enunciación del yo: un yo confesional que remite sin fisuras a la persona de la autora y que además está dotado de una sinceridad rayana en el impudor. El efecto es sorprendente, incluso refrescante por momentos, para lectores acostumbrados a estéticas de retraimiento sentimental, reticencia enunciativa y decoro (adecuación del estilo al objeto o asunto) cercanas al objetivismo o al minimalismo.

Esta institución del yo (no necesariamente es un yo fuerte, sino a veces a punto de naufragar, frente a instancias diversas) permite armar una novela sentimental, con intriga y desenlace. La historia es personal: una mujer de la burguesía blanca quiere salir de su burbuja de privilegios y pensar con corrección política (hay poemas en que se conduele de las víctimas del racismo, del nazismo).Esfuerzo considerable: perfilar lazos sociales, lazos amorosos, aun contra sí misma; crear una especie de armonía en un paisaje humano sin dios. Se fascina con su propio cuerpo, con su historia, sus penas, y escribe a su sexo, a sus relaciones, en un acto de reconciliación en una genealogía de mujeres de la familia. No se sabe si quiere ser feminista; en todo caso no sale de la tradición cis: si hay un cuerpo de mujer que se entroniza, es porque el hombre lo ha investido con su deseo.

Trabaja, dice el último poema, con detritos, y deja a la vista, al modo en que lo hacían los antiguos romanos para mostrar y compartir con los muertos los residuos de la fiesta: el secreto un poco vergonzoso, el pudor ante ciertas efusiones del ego, el detalle erótico. Olds expone esos detritos y provoca efectos: sorpresa, deleite, también rechazo.

Los remates de los poemas, siempre inesperados y precisos, son una lección de poética, así como el modo de hilvanar imágenes con datos minuciosos de la existencia cotidiana, con sus pequeños éxitos y fracasos, sus entusiasmos y caídas, sus momentos existenciales: nacimiento y partida de los hijos, del amor, encuentros, peleas.

La traducción es cuidada; la edición bilingüe permite seguir de cerca un estilo en que los versos funcionan a veces como puntazos idiomáticos de la lengua en su intento por dar cuenta de un detalle corporal o de un afecto.

Si el trabajo sobre la configuración subjetiva puede considerarse exitoso (en tanto uno no se canse de las efusiones del yo), los mejores poemas son aquellos en los que el sujeto casi no aparece, o logra reducirse a atención pura, y donde la fuerza del poema radica en una visión que no le debe nada al personaje: “Hoja de laurel. Carozo de aceituna. / Pata de cangrejo. Zarpa. Caparazón de langosta / […] ¡Siempre frescas / cáscaras del festín! Cuando se ha ido el invitado, /los bocados que tiró al piso quedan / como alimento para los muertos”.

 

Sharon Olds, La habitación sin barrer, traducción de Inés Garland, Gog y Magog, 2019, 212 págs.

14 Nov, 2019
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