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América negra y bruta

Laura Códega

ARTE

Laura Códega volvió a las fuentes del mal y terminó armando una muestra sobre América como barril sin fondo, como exceso. Unos seres previos o posteriores al círculo del crimen colonial. Unos antropófagos sin tiempo, que se comen a Oswald de Andrade también y estallan en una idea de 1927: “Sólo podemos prestar atención al mundo oracular”. Es que el juicio de Códega proviene de la sensación y de la magia, del momento estético de la que puede convertir el fetiche en crítica. Se deja caer en esa “realidad sin complejos”, pura y prudente como una playa desértica donde vivir y morir.

Estos cuentos de aluminio repujado se fundan en la paradoja de lo que pasó cuando no habíamos nacido, en el “todo lo demás” de la historia. Sabemos qué pasó pero no sabemos todo lo que pasó. Esta obviedad congela su ser pensante, la pone a manipular las cosas estéticamente y a sacarlas de su conciencia convirtiéndolas en formas impertinentes, renovadoras para no caer.

De negro está en parte compuesta la piel, la lengua y la historia de todos nosotros. También de la sangre vertida antes de que la sangre sea nuevamente vertida en el territorio, porque siempre hay crímenes por reconocer. Hay capas de huesos más abajo de la osamenta que parece elemental pero es moderna y occidental. La deuda con los muertos está calma pero se bate en lo negado, en el olvido. El final de la historia de la violencia está entrampado todavía. Se llevaron los minerales y dejaron la idea de guerra moderna. Se llevaron alimentos, animales, y dejaron una diplomacia cínica, encantada, gubernamental: la paz de los vencedores y de los dueños.

¿Pero cómo decir todo esto sin caer en el sentimentalismo progresista en el que no cae Códega? Con su arma preferida: la brutalidad, el arrebato que rompe con el lenguaje político fácil. Una elegancia al revés donde se empieza por el caos. Laura Códega es artista política porque llega a captar el fondo desastroso de lo desastroso, de la realidad. Cuando lo encuentra, no lo representa, lo deja correr en su impulso artístico y salen cosas así. Hay entonces arte verdaderamente político cuando hay un contrapunto entre no iguales. Como dice Josefina Ludmer, que se quemó las pestañas pensando esto mismo: “No hay relación entre culturas sin política porque entre ellas no hay sino guerra o alianza”.

Su forma no natural de relatar haciendo mella en el metal intercepta al querendón para decirle que no hay que entrar al amor sin antes entender su condición salvaje. Esta muestra es el vía crucis de una porción de habitantes habilitados solamente a un cóctel de sometimiento y calor. El resultado es demencial para no decir diabólico.

El lenguaje está libre si está pervertido. Sabe de las heridas y no sabe que cuando enchastra las formas normales con formas desagradables (artísticas realmente) ilumina contra lo que iluminaron ciertos canallas. Entonces sobrepasa el sentido, y el corazón del habitante denigrado “que no está ahí para sentirse laureado” late por un segundo. Esta muestra defiende la cultura del contacto físico, lo gris reventado hacia la fascinación con respecto a los que tenemos cerca y después se verá. Si fuera un todo, la imagen sería la de un edén del momento en que todo se descarrila, concatenado por el mal y por el bien, por la risa y el espanto. América siempre fue así.

 

Laura Códega, América negra y bruta, Mite galería, Buenos Aires, 24 de mayo – 30 de junio de 2018.

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