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En la Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, un grupo de docentes, artistas y estudiantes lleva adelante un proyecto poco usual: convertir su patrimonio artístico en un organismo vivo. Bajo el nombre de Crear un animal, esta propuesta colectiva, seleccionada por Bienalsur 2025, intenta redefinir el modo en que la universidad se vincula con su acervo, proponiendo una curaduría experimental donde las obras dejarían de ser sólo objetos resguardados para ser también cuerpos activos en mutación permanente.
El proyecto está encabezado por Bruno Juliano, Ana Volonté y Analía Solomonoff, quienes trabajan desde 2024 en la recuperación y puesta en valor del patrimonio de la Facultad. La experiencia se inició con el programa “Dejar que las cosas sucedan juntas”, un trabajo de inventariado, limpieza y clasificación de las casi doscientas piezas que integran la colección. Aquella primera etapa permitió sentar las bases para una segunda instancia, más poética y performática, donde la comunidad académica se involucró en la relectura, activación y puesta en diálogo del patrimonio con nuevas miradas y prácticas.
“Lo que se presenta no es una muestra convencional, sino una apertura de proceso”, explican los curadores. La instalación, montada en el SUM de la Facultad de Artes (Bolívar y Chacabuco, en San Miguel de Tucumán), se ofrece como espacio de experimentación y diálogo. Las paredes se cubren con cientos de papeles escritos a mano: palabras, ideas y fragmentos de pensamientos que, al unirse, podrían dar forma al “animal” imaginario del título. Del techo cuelgan dos obras de Ricardo Fatalini, que evocarían la circularidad y el movimiento, símbolos del ciclo vital que inspira la propuesta.
El público no se enfrenta aquí a un patrimonio clausurado, sino a un proceso abierto, donde la colección se piensa y se ejercita en comunidad. La metáfora del “animal” permitiría imaginar el acervo como un ser mutable, hecho de múltiples voces, que respiraría, se desplazaría y crecería con cada nueva obra o acción. En esa búsqueda los participantes se preguntan: ¿cómo suena?, ¿cómo huele?, ¿de qué está hecho?, ¿podría salir a recorrer la ciudad? Las respuestas aparecen escritas, dibujadas o en performances, componiendo una suerte de cuerpo colectivo que habita la Facultad.
Para los responsables, Crear un animal es también una reflexión sobre los modos de gestionar y enseñar arte en la universidad pública. “Es un acto afectivo y político —dice Solomonoff—, porque propone una forma de cuidado que no se limita a conservar, sino que activa el patrimonio, lo vuelve contemporáneo”. Juliano agrega que el proyecto impulsa una práctica institucional nueva, donde la curaduría, la gestión y la educación se entrelazan en un mismo proceso de aprendizaje.
El trabajo involucra a artistas, docentes, estudiantes, investigadores y vecinos del entorno, generando una red de colaboración que atraviesa disciplinas como la biología, la poesía, la danza y la astrología. Cada mirada aporta una capa distinta a la criatura que la Facultad imagina colectivamente.
Así, lo que comenzó como un esfuerzo de catalogación se convierte en una experiencia poética y comunitaria. Crear un animal propondría una forma de pensar el patrimonio como un ser que invitaría a ser cuidado, que requeriría movimiento y atención constante. Un animal hecho de memoria, afectos y conocimiento, que crece en la medida en que la comunidad universitaria lo alimenta con su participación.
Varios artistas, Crear un animal, curaduría de Bruno Juliano, Ana Volonté y Analía Solomonoff, Bienalsur, Facultad de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán, septiembre – noviembre de 2025.
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