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Fluxus escrito

Mariano Mayer (comp.)

ARTE

¿Cómo heredar Fluxus? ¿Qué enseñanzas podemos tomar de sus archivos? ¿Cómo prolongar la libertad radical de sus propuestas? Esas son tres preguntas que parecer responder el recién editado Fluxus escrito. Actos textuales antes y después de Fluxus, volumen que reúne textos de treinta autores, al cuidado de Mariano Mayer, quien ha ampliado el canon y la conexión Estados Unidos-Europa a otros contextos. De esta forma, además del núcleo duro de George Maciunas, Wolf Vostell, Nam June Paik y Allan Kaprow, encontramos manifiestos y reflexiones de Eduardo Costa y Roberto Jacoby, y a artistas como Marta Minujín, que participaron directamente, junto con otros que emularon esta forma de hacer cosas muy libremente, gracias a la circulación mundial de imágenes y a la información recibida.

La operación situacional resulta muy útil, ya que a la vez que traza algunas conexiones y traducciones aberrantes entre estrategias, inquietudes y resultados heterogéneos, invita a pensar la vigencia de una serie de prácticas que el arte contemporáneo ha absorbido, en muchos casos limpiando de espontaneidad y neutralizando su pragmática. Es el caso de la creación permanente que defendía Robert Filliou, rendida en brazos de las industrias creativas que inoculan formas de vida neoliberal. Aunque no está entre las posibilidades de esta reseña discutir si Fluxus fue o no una bisagra en los modos más actuales de hacer arte, resulta con todo un debate demasiado esencialista y desde luego alejado de las intenciones irreverentes y revolucionarias de los escritos (como el de La Monte Young, por poner un ejemplo).

Más interesante, sin duda, es partir del carácter internacionalista del movimiento, al que durante la década de los sesenta se fueron sumando adeptos también en países como la España franquista, donde el grupo ZAJ aportó absurdo y sentimentalidad protoqueer en los conciertos, las acciones y la poesía cotidiana de Juan Hidalgo y Esther Ferrer.

Pero con el intercambio entre ciudades y personas, no sólo a través de arte postal, vale la pena recordar el carácter existencial del arte de Filliou. Su experiencia de vida no se agota en la producción de proyectos editoriales, galerías no comerciales como La Cédille qui sourit, cerca de Niza, o piezas de una vanguardia contraria a la idea de “ismo”, siempre entre medios y tradiciones, desde la experimentación de John Cage a la vuelta a Dadá, no sólo en un sentido estructural o material. No en vano, junto con el malestar con la cultura burguesa, el gesto irreverente o la apología del juego como proceso sin final y del azar como agente necesario, aparece una dimensión que todavía nos interpela: el ejemplo de un hacer colectivo, con la afectividad como territorio artístico privilegiado; Fluxus en tanto que arte de la existencia, arte de vivir, crítico con las lecturas formalistas y reacio a cualquier hecho trascendental. Y también una forma de trabajar con la percepción y los sentidos; la elaboración de sensaciones que cuestionaban el cuerpo heredado, los automatismos y la lógica del sentido que viene impuesto, cuando la era del espectáculo recién echaba a andar.

Fluxus fue una pedagogía: una práctica donde lo personal era admitido si estaba poblado de varios “yo”. Y donde el control y las instrucciones para cerrar los ojos, respirar profundamente y escuchar a Pauline Oliveros se convertían en una forma de aumentar la presencia y densificar la percepción. Un modo de disipar clichés y evidenciar los lugares comunes de la coreografía cotidiana que, naturalizada por los trucos mágicos del capital, actuamos de forma inconsciente. Hoy Fluxus puede ser leído como una práctica de libertad que, confundiendo intérpretes con público, explora otras vías y modos de relación con las cosas. Una brecha por la que se cuela la posibilidad de pensar otros mundos. “La liberación del inconsciente”, que se le escapa a Oscar Masotta, en técnicas y operaciones que son tramadas a nivel cutáneo, molecular, proyectadas sobre los misteriosos territorios del comportamiento.

 

Mariano Mayer (comp.), Fluxus escrito. Actos textuales antes y después de Fluxus, traducción de Pablo Marín y otros, Caja Negra, 2019, 336 págs.

29 Ago, 2019
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