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ARTE

Antes de que comience la presentación de Inmenso —el libro que registra en imágenes la experiencia de la que surge este proyecto de Margarita García Faure—, en la pantalla del Centro Cultural de Bicentenario se proyectan fragmentos de un video. Las imágenes van pasando en loop. Lo primero que se muestra es la hélice de un Hércules tomada desde la ventana del avión. Sigue un texto que va anclando lo que se ve en diferentes espacios geográficos de sur a norte: Antártida, el Amazonas boliviano, el desierto de Wirikuta en México. Más adelante aparece la toma de la proa de un barco que, en una especie de montaje de atracciones, se enlaza con la cabeza de un burro que va caminando por un sendero pedregoso, en un paisaje reseco. Después, una tela, más o menos del aspecto de un cuerpo humano, desciende atada de una soga y se sumerge lentamente en las aguas de un río.

En varios momentos de la serie García Faure se muestra a sí misma mientras pinta, pero también mientras se desplaza. Es como si los dos gestos —pintar y moverse— no pudieran escindirse del todo, como si lo que sostuviera su proyecto fuera adentrarse en un territorio y, sólo desde ahí, hacer obra.

Con el video todavía de fondo, la artista y la crítica Valeria González toman su lugar en los asientos para que comience la presentación, que consiste básicamente en una conversación entre ambas. González sostiene que la obra de García Faure encarna perfectamente la propuesta que desde hace tiempo se está impulsando desde un espacio público como la Casa del Bicentenario, del que entonces, todavía, era la directora. Se refiere a la documenta XII, curada por Carolyn Christov-Bakargiev y Chus Martínez, cuya convocatoria se remitía a “las formas y las prácticas de conocimiento de todos los hacedores del mundo, animados e inanimados, incluyendo a la gente”. Del mismo modo que en esa edición de la documenta, la naturaleza no aparece en la obra de García Faure como un mero objeto de estudio, en la tradición de la ciencia; tampoco lo hace como un simple objeto de representación, como en el arte; pero aún menos constituye algo a lo que se le puede dar la espalda. La naturaleza es a la vez lo que genera la pintura y el riesgo de la ausencia de obra. La obra existe precisamente porque se enfrenta un desafío: perderse en la naturaleza.

Por eso es tan clara la metáfora del arte como cocina en la que García Faure insiste varias veces en los textos que forman parte del libro. Como la cocina, el arte implica el paso de la naturaleza a la cultura, de lo crudo a lo cocido, tensiones que en el proyecto de García Faure no se resuelven y en las que, precisamente, todo el proyecto se sostiene.

A su manera, el proyecto tiene una dimensión política en dos planos. En principio, como trabajo con la memoria por parte de la generación de la que García Faure, que biográficamente nació en plena dictadura argentina, forma. A veces, las telas de la artista se disponen como restos; a veces, asumen la postura de cadáveres. No es, sin embargo, una obra mortuoria. En ella, la salvación del encierro en el pensamiento y en el lenguaje se da a través de las imágenes.

Al mismo tiempo, la serie que se plasma en el libro percibe cierto estado actual de las políticas en relación con los espacios naturales y, al mismo tiempo, identitarias, que involucran también una reflexión sobre determinados grupos o colectivos, los pueblos indígenas u originarios. La visibilidad pública de los pueblos originarios y de los reclamos por el medio ambiente en diferentes ámbitos que García Faure recorre, desde la Argentina a Bolivia y México, estalla contemporáneamente a estas obras.

No es casual que García Faure elija como guía, en el momento salteño de su periplo, a una maestra wichi. Con ese gesto, la artista impugna la idea de que uno se constituye identitariamente por lo que es; por el contrario, la experiencia de García Faure nos habla de que somos hacia dónde vamos.

Lamentablemente, la presentación del libro de García Faure, con todas sus implicancias sutiles con cuestiones políticas actuales, fue una de las últimas que se realizó en ese espacio bajo la gestión de Valeria González, con quien manifestamos nuestra solidaridad.

 

Margarita García Faure, Inmenso, presentación del libro en diálogo con Valeria González, Casa Nacional del Bicentenario, Buenos Aires, 6 de diciembre de 2017.

 

1 Feb, 2018
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