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Lo que el viento dejó

Fernanda Laguna

ARTE

Fernanda Laguna hace arte como si administrara una kermesse y fuera ella quien cortara las entradas, montara los stands, tomara el megáfono, payaseara, juntara las latitas, repartiera los premios, alegrara a los niños y consolara a los adultos. Laguna domina varias lenguas estéticas que desarrolla con resultados de alboroto. Belleza y Felicidad fue uno de los aposentos donde se vistió de centro de gravedad para varios de los conmovidos por el arte argentino impune.

El Museo La Ene, lugar de la muestra, abraza la estela del local de Almagro pero discutiendo, porque se estructura bajo la forma sacra de las instituciones para pelear desde adentro. Lo que el viento dejó define que todo perece y que eso es bueno. Laguna encarna un brazo de un río que no lleva a ninguna parte, pero ya está adentro de una tradición. No porque haya querido ingresar o no a un linaje, sino porque la fuerza de su obra como sacadora de conejos de la galera inagotable de las ocurrencias la confina en el límite de su carrera, que parece va a empezar de nuevo después de esta disposición exhaustiva de su archivo. Laguna no pretende nada, cuando “nada” quiere decir intuir, igualar la cabeza a la vida, encimar planos, vivificar las capas de vulgaridad y volverlas estallido. La Ene quiere ser una Institución sin patrimonio, quiere entablar diálogo con la burocracia pero discutiendo con la parte paranoica de esta, la que la vuelve odiosa. La burocracia para La Ene es el gobierno de un grupo y gobernar es para ellos movilizar promesas. Quizá en esta última idea se tocan los dos, porque Belleza y Felicidad y La Ene lograron encontrarse bajo el sintagma emoción con Laguna como médium. Muchos de los papelitos y chucherías que se organizan acá podrían ir a parar a la basura si limpiásemos nuestra mesa después de una larga noche de tertulia. Está bien el nombre, el viento se llevó cosas y dejó otras. Las notamos porque están juntas, dialogando, manifestando una época gracias a la superposición. La curaduría y el montaje otra vez son las reinas de la afirmación. Cuando se acumula, se arma algo mágico, el poder del juntadero utilizado en pos del impacto. Quién sabe si el arte no querrá proponernos un espacio de amparo para que podamos emocionarnos, un esquema de sustracción de mundo para que sintamos mejor al mundo.

Lo que el viento dejó está armada como un archivo desempolvado pero manipulable: varios fanzines, fotografías, volantitos, adornos y recuerdos se pueden agarrar, hojear, para notar en cuerpo presente una época cercana en años pero lejana en experiencias. Una época en papel barato, a un color para ahorrar costos y doblada al medio por las manos de Laguna y sus secuaces. Está en la muestra su obra completa mientras vive, y por tanto puede ser una pausa en una rotonda o un umbral para el salto loco hacia lo imprevisible. Hay que ir a verla para abrirse al género vitrina, con todo el poder de los tesoros que lo caracteriza, pero también para estimular el coco con el brillo de lo común o las fotos de pocos píxeles que parten la mirada en dos: nostalgia y creatividad.

 

Lo que el viento dejó, Fernanda Laguna, Museo La Ene, Buenos Aires, 16 de septiembre – 14 de octubre de 2015.

1 Oct, 2015
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