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Nubes de paso

Pablo Accinelli

ARTE

Programamos transformaciones en el estado de la materia sin medir las consecuencias y ahora el cuerpo humano se encuentra manipulando fuerzas físicas que han desarrollado su propia conciencia. Bolsas de concreto, naipes, letras, candados, clips, paraguas y vasos forman parte de un inventario de reliquias, cada vez más distantes, de lo que alguna vez fueron nuestros objetos de uso.

Al recorrer la exhibición de Pablo Accinelli en Malba, uno siente que su inteligencia se ve ridiculizada frente a ensamblajes de objetos conocidos que ya no puede comprender. Ese síntoma se agudiza debido a que preguntas que estamos acostumbrados a realizarle al arte no nos brindan respuestas correctas sobre lo que allí está sucediendo. Realmente sabemos poco sobre esas obras.

El lenguaje, la lógica y las categorías propuestas por la exhibición parecen construir modelos de prueba para demostrar la incompletud de los sistemas o alguno de los problemas del milenio hasta ahora irresueltos. Entre las tantas distinciones otorgadas a Accinelli, alguien debería evaluar si no es merecedor del premio de un millón de dólares que entrega el Instituto Clay de Matemáticas de Massachusetts.

Antes de paralizarnos con la tormenta de interrogantes complejos que se filtran por todas nuestras cavidades, tendríamos que intentar elaborar una estrategia que nos permita comprender algo sobre los enigmáticos artefactos exhibidos. Para eso, en lugar de comenzar nuestras indagaciones sobre las obras preguntándonos qué intentan decir, qué significan realmente o cuándo su significado es relevante, deberíamos tratar de empezar por preguntarnos: ¿cuál es el programa del arte?

Tal vez eso nos ayudaría a comprender cuáles son los efectos operacionales de las formas de realización específicas exhibidas en la muestra y analizar los tipos particulares de experimentación que se ven implicados en el programa.

Si aceptamos que el arte posee un programa específico, e intentamos comprender de qué manera opera, deberíamos distinguir si funciona como un canon (Epicuro) o como un órgano (Aristóteles). Para eso, podríamos comenzar a desatar estas perspectivas que se enredaron y retorcieron hasta el punto de provocar náuseas, desde que un hombre atormentado (Kant) intentó determinar si nuestra facultad de juzgar contiene principios constitutivos o regulatorios a priori. Revisar esas líneas de texto, actualizar sus investigaciones, podría ayudarnos a comprender si el programa del arte funciona como un órgano que produce conceptos y formas, o como un canon que establece el criterio de aplicación a partir de una serie de instrucciones.

Desarrollar una resolución definitiva de ese conflicto sería un viaje de especulación que no podemos permitirnos iniciar en esta breve reseña. Lo importante quizá sea dejar establecido que el arte es un programa, aunque todavía no sabemos bien qué y cómo programa.

Este abordaje podría facilitarnos el acceso a las obras de Accinelli como si fueran modelos construidos a partir de un contenido operacional capaz de ser analizado para comprender el funcionamiento del programa del arte, y tal vez sea de alguna utilidad para explorar nuestras posibilidades de realización y actualización dentro de él.

 

Pablo Accinelli, Nubes de paso, curaduría de Florencia Cherñajovsky, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, 9 de agosto – 12 de noviembre de 2018.

27 Sep, 2018
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