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Toque de seda

Varios artistas

ARTE

El título de la exposición parece hacer referencia a los modos particulares que encuentra el Estado para tratar de cuidarnos, como por ejemplo prohibir la libre circulación por las calles de la ciudad. Toque de seda presenta una versión erótica y excitante de esa fantasía represiva gubernamental. Ropa ajustada, jabón, pelo, luces de colores, órganos abiertos, juguetes… el aislamiento social se pone interesante.

Con las medidas preventivas tomadas para combatir el virus, se han fijado una serie de protocolos que impusieron nuevos modos de visita de exhibiciones —con turnos y otras restricciones—, lo que ha transformado las galerías en espacios aún más exclusivos de lo que eran.

En un contexto en el que el tacto parece algo prohibido, la exposición presentada en Quimera adquiere un carácter virulento. Los pocos espectadores que tienen contacto con las obras pueden llegar a ver sus filosos colmillos y sentir que jadean con sed de aniquilación. Como el estereotipo del amante preso en su visita íntima bajo custodia, ellas están ahí listas para descargar toda la libido contenida. La sensación es claustrofóbica, falta el oxígeno, pero se siente agradable. Aunque las condiciones para visitar una muestra sean cada vez peores, por suerte todavía hay algunas a las que vale la pena asistir.

Experimentar es algo estimulante que puede enseñarnos cosas nuevas. Y sin embargo también puede tener consecuencias. Tenemos que adaptarnos a este nuevo escenario. Pero cuando unx se enfrenta con las obras comienza a dudar de su habilidad para hacerlo; así surgen algunas preguntas inquietantes… ¿Están las obras ahí para compartir el mundo con nosotrxs?

A la hora de dormir, cuando apagues la luz y tapes tu cuerpo con las sábanas, volverán a aparecer esas imágenes para mantenerte estimuladx. Cuerpos monstruosos que cuelgan del techo, mechones de pelo enredados, aparatos sexuales cibernéticos, desayunos lunares futuristas y extrañas especies biotecnológicas que encuentran formas novedosas para reproducirse. Ya están entre nosotrxs.

Lo único claro es que todavía no tenemos un lugar ganado en ese mundo nuevo que se ve tan siniestro. Quizás el arte, los sueños y las pesadillas están ahí para ayudarnos —de una forma diferente a como ha intentado hacerlo el Estado— a encontrar algo lindo en medio de esta horrible situación; aunque esa visión terapéutica tal vez sea sólo una esperanza ingenua.

Aún no sabemos cuáles son las intenciones reales de las obras, todavía no podemos sacarnos de encima la sospecha de que están ahí para despedirnos del mundo que ya perdimos. De cualquier manera, aunque tengamos miedo, deberíamos empezar a encontrar alguna forma de amigarnos con las pesadillas. Posiblemente todavía no hemos visto nada. Los traumas se intensifican, nuestra retórica de la sensatez es usurpada de una manera fantástica, las barreras retrógrado-defensivas se rompen con el tiempo y la subjetividad humana en algún momento colapsa.

 

Toque de seda, curaduría de Nancy Rojas, Quimera, Buenos Aires, 19 de agosto – 31 de octubre de 2020.

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