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ARTE

Obra solitaria amarilla en rampa ascendente. Así empieza Yes Not de Elodie Seguin en el MACBA, un edificio resuelto con una estructura de hormigón a la vista. Y sigue, pero en la dirección contraria: rampa descendente, sala búnker de concreto y cuarenta y ocho pinturas que son serigrafías ocupando toda una pared. Las pinturas más planas y mecánicas posibles. No hay huellas de un gesto expresivo. Buscan el color del concreto de la pared. Conforman un grisómetro como el cianómetro de Saussure, pero no para medir lo que se mira con un rango amplio de valores, sino más bien para medir una distancia, en realidad muchas distancias mínimas en múltiples direcciones posibles. Se preguntan por un entorno, rodeándolo y dejando rodearse, en un abrazo que espera ser correspondido. Son listones teóricos, maquetas de papel plegado que capturan la luz y la sombra y las aplican a su respectivo color. El dispositivo mínimo para el máximo alcance, plano y claroscuro todo en uno. Cuando no se da con el nombre exacto, se fabrica el infinito y la riqueza, un lenguaje. Son incontables las cercanías a un lugar. En esta obra el algoritmo del paisaje, el que lo crea indefinidamente a medida que lo recorremos con la vista, estaría en la falta de puntería, en la imposibilidad de dar en el blanco (gris en este caso), pero la coherencia de lugar la daría la casi puntería, los casi aciertos.

Hay más abajo aún: otra rampa descendente, otra sala búnker de concreto y cuatro columnas transparentes aguantando la morbidez desde una de las paredes del sótano. El aire se enrarece. Es una sucesión de sostenes con fustes de vidrio y basas y capiteles de madera reconstituida del color del Río de la Plata. ¿Estaremos ya a nivel de esas aguas marrones que solían empapar la tierra acá nomás? Así como el aglomerado hace una madera falsa, el concreto es nuestra roca en versión turrón de minerales. El cristal y el hormigón superpuestos, anulando la funcionalidad constructiva y habilitando la metafórica en esta obra. No hay fragilidad, sólo transparencia. El ensamble es la fuerza total. El algoritmo aquí sería el encaje activando la construcción, volviéndola gruta ancestral.

Pero hay también unas obras más pequeñas en este último espacio, aunque no sé dónde termina la muestra porque ya creo entender que estoy solamente viendo la porción de paisaje al que accedo desde este punto de vista. Estas obras finales me generan un extrañamiento nuevo, como piedras de toque en reversa. Primero, dos cuadros negros detrás de bloques de material constructivo o, al revés, pinturas de cemento obstruyendo agujeros en la pared. Una especie de virus arquitectónico que se manifiesta en estas fallas y que podría perfectamente propagarse. Veo el color del mortero, arcilla, cal, minerales, secantes; veo el barro del futuro del pasado. Y en otra dirección hay una especie de templo dentro del museo mausoleo, como las capillas de los aeropuertos, uno de hule y precario. Es la oda al cuadrado negro, un santuario, lo más fallido, y por eso un pedazo de humanidad, un rebusque que habilita asomarse a través del velo para ver más.

En el paisaje hay una roca, en la roca hay una cueva, en esa cueva crece continuamente un paisaje específico.

 

Elodie Seguin, Yes Not, curaduría de Inés Huergo, Museo de Arte Contemporáneo de Buenos Aires (MACBA), 19 de junio – 15 de septiembre de 2019.

5 Sep, 2019
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