Otra Parte es un buscador de sorpresas de la cultura
más fiable que Google, Instagram, Youtube, Twitter o Spotify.
Lleva veinte años haciendo crítica, no quiere venderte nada y es gratis.
Apoyanos.
Los grandes coreógrafos de escenas de acción (William Hobbs, Dale Anthony Girard, Allen Sudeth, Yuen Woo Ping) suelen utilizar términos musicales para referirse a su trabajo. Orquestación, fraseo, ritmo son las contraseñas de un tipo de cine sometido al imperativo del movimiento constante y furioso, y cuyo único nexo con el verosímil empobrecido del mundo real es la cuerda elástica de la memoria corporal y muscular. Chad Stahelski (quien antes de pasar tras las cámaras se desempeñó varios años como doble de riesgo) crea conceptos estéticos a una velocidad prácticamente inédita aun para los estándares hiperacelerados del cine actual, pero su originalidad y maestría consisten en poner la cámara al servicio de esos conceptos —es decir, para que mejor se aprecien— y no para amplificarlos por el mero placer de detonar y exhibir un presupuesto descomunal. El capítulo 2 de Wick había dejado la vara demasiado alta a fuerza de un entendimiento casi sobrenatural de la puesta en escena, pero Parabellum, con su protagonista finalmente “excomunicado” de su sindicato y obligado a huir y enfrentar a casi todos los asesinos a sueldo del mundo, honra y mantiene intacto su ánimo de high concept movie gracias a una estilización rítmica que hace del teatro kabuki una coartada demente para su lógica de episodios, y de la balística un criterio de planificación tan estimulante como empalagoso. John Wick 3 es un ejemplo de cine psicótico y brutalmente eficaz —tan posmoderno que hasta se permite guiñarle el ojo a Buster Keaton en una película orientada (que no pensada) hacia una generación que muy probablemente no sepa quién es o qué inventó— y acaso la punta de lanza del cine metakinético del futuro, ese que, quizás, de aquí a pocos años, sólo tenga por objetivo contagiar ideas sin otro recurso que el de la pura contorsión de sus personajes. Lo más sorprendente del asunto es que, a pesar de su cromatismo furioso y su salvajismo sonoro, Wick 3 está más cerca de la magia muda y en blanco y negro de Keaton que de la inmensa mayoría de los objetos pesados, recargados e inentendibles con los que corre el riesgo de ser confundida.
John Wick Chapter 3: Parabellum (EEUU, 2019), guion de Derek Kolstad, Shay Hatten, Chris Collins y Marc Abrams, dirección de Chad Stahelski, 130 minutos.
En 2016, a Milagros Mumenthaler se le presentó una imagen mientras caminaba por las calles de Ginebra: una mujer que se arrojaba al río desde un puente....
Con ecos de la “trilogía de Oslo”, Valor sentimental se abre con una vista panorámica de la ciudad, pero la cámara vira muy pronto...
“Vi a un pálido estudiante de artes impías arrodillado junto a la cosa que había ensamblado”, narró Mary Shelley al recordar cómo surgió la imagen que luego...
Send this to friend