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Me desespero por lo fácil

Guillermo Iuso

ARTE

A la derecha del espectador, al ingresar, se lee el título de la muestra en marrón, que es el color que no representa polaridades ni tampoco el intento de brillar. El marrón es el otro color de todos los colores, el color defectuoso, la negación del lirismo, del romanticismo, de la vida y de la muerte. Pintado con brocha gorda dice: “Me desespero por lo fácil”. Se podría agregar que lo difícil es lo que parte de las obras, lo que dicen con su lenguaje organizado pero tremendo. La catarsis se da en la risa cada treinta centímetros, en la sucesión de imágenes. La transferencia es seria, pero su forma es despiadada y feliz. Lo fácil es para Iuso hacer consigo mismo lo que quiera: decirlo todo.

Se acerca al sentimiento dramático de existir desde la pura expresión, el pregón y la descompostura. Primero se somete a su emoción para recién a partir de ahí encontrar las palabras que digan frases así: “Emborracharse al mediodía”, “No quiero razonar, quiero impactar”, “Detesto sentirme culpable”, “Proclive a todo”, “No me acuerdo de esto que está pasando ahora” o “Sentir para exagerar”. El discurso verbal, lo dicho escrito, la expresión lógica del alfabeto armado, es la piedra de toque de sus delirios, de sus miedos, de sus pasiones, de todo lo que le pasó y de cualquier evento que lo aceche.

Sus obras discuten con la metafísica, porque esta pretende ordenar lo que existe (lo incoherente) en palabras brillantes, desesperada por sobrevivir. Iuso piensa al revés, la materia de su mundo lo encarna y él dice las palabras con formas perturbadoras que las sacan de su reinado. Las palabras quedan subordinadas al color, al chorreo de su incontinencia, al calor del cuerpo, al horror o a la alegría sin freno, al sedimento del éxtasis. Quedan atrapadas en los garabatos, las protuberancias, las marcas del manuscrito, que dicen otra cosa, algo que está antes que las palabras y que las envuelve. Las devuelve al público general, al lugar uterino de su conciencia, a lo primitivo de pensar por signos que espantan e imantan en la misma frecuencia. Como dice Francisco Garamona, curador de la muestra: “busca en la acción sus fines ulteriores.”

Cuenta lo trágico jugando y lo horroroso con materiales comunes sobre papel: pintura relieve, gel medium, acrílico, tinta, corcho, maderitas y metal. Materiales chorreantes fijados y puestos en valor, como el fluir aceitoso de sí mismo, que en algún momento tiene que parar. Un rumbo escatológico, que quiere decir fondo, barro, mugre, pero quiere decir ante todo base, fundamento, causa primera. Iuso toca la oscuridad unitaria de donde sale todo. Vivir es para él ser sincero con lo que estaba antes de la sinceridad pacata.

Iuso tiene la pericia bien plantada, logra que todo parezca también una muestra hecha después de haber vivido la vida por segunda vez, en su fase intensa. Las ganas de vivir y de odiarse se confunden por dilemas así: “¿Hay alguien que pueda aguantar un día entero sin tener ganas de irse de su realidad?”. Son frases-consigna, relatos arbitrarios, doctrinas de bajofondo. Chistes en serio sobre la condición y el juego de la cabeza en el corazón. Es una muestra de aforismos que tienen todo para participar de los volúmenes imprudentes, sagrados con todo, de Nietzsche o Simone Weil, pero agregan la marca Iuso, el sello, la firma de su yo. Ese “de más” que reverbera en lo que hace: lo patético, lo verdadero, lo inadaptado del sentimiento cuando se dice de una.

 

Guillermo Iuso, Me desespero por lo fácil, curaduría de Francisco Garamona, Ruth Benzacar, Buenos Aires, 4 de mayo – 8 de junio de 2019.

13 Jun, 2019
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