Inicio » CINE y TV » Paraíso

Paraíso

Carlos Gindzberg

CINE y TV

Un hombre se baja del subte, sale a la superficie y encuentra una habitación, un lugar donde desparramar sus objetos. Es el último piso de un edificio en ruinas. Algo que alguna vez fue otra cosa y que ahora es sólo escombros y suciedad. Y vacío. Y espacio. Y luz. Y dos amplias ventanas: una que da a la calle, a la plaza, a la gente. La otra apunta al pulmón de esa manzana. Una mesa. Un tocadiscos. Y el hombre.

La situación inicial de Paraíso. Una historia de heterónimos es más o menos esa: ese hombre es el Autor. Ese lugar es el que eligió para crear. Esa mesa, su sala de operaciones, donde van a parar recortes, papeles, fragmentos de frases, hojas sueltas, pensamientos. Las ventanas, su distracción, su nexo con esos dos mundos. El afuera es más o menos incierto, ajeno. El adentro: una casa de putas un par de pisos más abajo, un patio exterior interno, sus movimientos, sus ruidos, sus olores y una niña que es a la vez musa y tormento.

Paralelamente y casi superpuestas, se desarrollan (¿se desarrollan?) las historias de cuatro personajes: un taxista, un afinador de pianos, una mujer joven de hábitos promiscuos, un hombre adulto que vive con otro mayor, que podría ser su padre. Personajes sin nombre y sin tiempo. Personajes que no se sabe si son personajes o si son actores interpretando a los personajes de la historia del Autor. Personajes que no se sabe si, en realidad, son el Autor.

Alrededor de estos ejes, se desenvuelve el ambicioso proyecto de poner en imágenes el poema “Tabaquería”, de Fernando Pessoa. Una película que se mete en el espesor del lenguaje, sin diálogos, en la que los sujetos sólo hablan a través del poema desmembrado y reordenado con fines narrativos. Una película sin género —¿es un thriller, un musical, un drama, una historia de amor?— en la que la música es un personaje más, otro protagonista. Todo aquello que a causa de la falta de diálogos queda a veces inconcluso, la música original lo resuelve: entra y sale del relato, interactúa, modifica la enunciación, el ritmo y la intensidad. Produce continuidad, tensión y calma.

“Dejo la ventana y me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?/ ¿Qué puedo saber de lo que seré, yo que no sé lo que soy?/ ¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tantas cosas!/ ¡Y hay tantos que piensan ser esas mismas cosas que no podemos ser tantos!”, exclama, se defiende, Pessoa al promediar el poema. Se lo dice a sí mismo, se interpela, en medio de esa extensa y sombría reflexión a propósito de su existencia, y de la existencia de los otros que constituye “Tabaquería”. Paraíso… sintetiza esos pensamientos, los condensa y los pone de manifiesto. La personalidad desdoblada del artista, la soledad, el miedo al vacío, el miedo a ser y a no ser, los sueños, la fragilidad, el enojo, el silencio, el desorden, la melancolía, la música, el tiempo: todos estos motivos van pasando y conformando, a partir de diferentes elementos, varias historias que confluyen en una. O en dos. O en todas. ¿Cómo saberlo?

 

Paraíso. Una historia de heterónimos (Argentina, 2015), guión y dirección de Carlos Gindzberg, música original de Javier Zentner, 95 minutos.

24 Dic, 2015
  • 0

    El sonido de la caída

    Mascha Schilinski

    Santiago Pérez Wicht
    5 Nov

    La directora alemana Mascha Schilinski ha contado en una entrevista que el guion de El sonido de la caída nació como proyecto de graduación y...

  • 0

    Los nadadores

    Sol Iglesias SK

    Andrés Torres Estrada
    5 Nov

    Ubicarse en el plano de las distopías, de la ciencia ficción, del género apocalíptico, parece traer ciertas exigencias inevitables: el exceso de explicaciones, los efectos especiales, el...

  • 0

    Hospital Británico

    Gustavo Fontán / Gloria Peirano

    Francisco Rovira
    29 Oct

    Hay en Hospital Británico un contraste entre la atmósfera lírica, con todo su repertorio telúrico, y la violencia formal, e incluso temática, del libro homónimo que...

  • Send this to friend