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Las ideologías de la teoría

Fredric Jameson

TEORÍA Y ENSAYO

Hablar de Fredric Jameson es, sin lugar a dudas, mencionar a uno de los críticos y teóricos marxistas occidentales más importantes de los últimos treinta y cinco años. En el prólogo que Eduardo Grüner escribe para la edición de Prometeo del texto de 1992 Signaturas de lo visible, el firmante, de manera muy astuta, compara a Jameson con la otra gran figura marxista de relevancia, al menos, para el ámbito cultural norteamericano y –en alguna medida– un poco más reciente: Slavoj Žižek. Y es que a esos dos nombres los une una preocupación fundamental, que no es otra que la revisión del concepto de ideología en el “capitalismo tardío” y sus posibles relaciones con dos saberes muy específicos: el psicoanálisis (lacaniano) y un conocimiento todavía humanista de diversos tipos de producciones culturales, como la literatura y el cine. La aparición de Las ideologías de la teoría, publicado por Eterna Cadencia, que tiene como precedente la publicación de uno de los últimos libros de Jameson, Valencias de la dialéctica, es una excelente excusa para volver a este pensador.

El libro reúne gran parte de los artículos más conocidos de Jameson, como “Imaginario y Simbólico en Lacan” o “Periodizar los 60”, y si bien se trata de ordenar esos textos en función de preocupaciones puntuales en torno a la noción de ideología, también se permite entrever la metodología crítica del autor y se evidencia cuál es, efectivamente, su preocupación central. La parte crítica de Jameson ha estado siempre en esa atención por el objeto en particular: tal película, tal novela, tal o cual concepto, siempre atendiendo al detalle, operatoria que hereda de Benjamin y Adorno y que muestra que el método crítico por excelencia es el inmanente. Esa actitud tiene en el horizonte un concepto general que no coincide con lo particular, pero que, en el no-encuentro de estos dos extremos deja entrever una posibilidad de verdad. Digamos: la lógica entre lo general y lo particular es resuelta por Jameson a través de un concepto marxista por antonomasia, una obsesión de ese particular “tipo” teórico: la historia. Así, lo “real” lacaniano pasa a ser directamente la “historia”, respirándole en la nuca al registro de lo Imaginario y lo Simbólico y apareciendo al final del artículo en que trabaja con estas nociones como si fuese una suerte de conejo que un mago saca de la galera. Para el paranoico marxista, la historia siempre está acechando en cualquier esquina.

La mirada crítica de Jameson puede llegar a ser melancólica en la medida en que critica la posmodernidad desde una posición modernista, retoma a Lacan para terminar en un planteo sartreano o directamente vuelve a Sartre como antecedente y como verdadero vínculo entre lo que el estructuralismo trató de juntar a fuerza de abstracciones: marxismo y psicoanálisis. Pero lo que Jameson realmente ha logrado como crítico es algo que podemos sintetizar de la siguiente forma: hacer una crítica marxista con cierta esperanza por la historia que no deriva en un mecanicismo tonto y que logra leer lo particular en el objeto abordado sin aplastarlo con la fuerza del concepto. Casi diríamos: un marxista feliz.

 

Fredric Jameson, Las ideologías de la teoría, traducción de Mariano López Seoane, Eterna Cadencia, 2014, 784 págs.

27 Ago, 2015
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