TEORÍA Y ENSAYO

En un homenaje involuntario a la redundancia, entre cómico y ridículo, en un café un hombre lee un libro que se titula Leer y captura la mirada de los vecinos de mesa, que no están leyendo. La escena ocasiona un diálogo, que es como Gabriel Zaid considera la lectura: una conversación. El ensayista mexicano enarbola una vieja idea que nunca es tarde para revalidar: “Publicar un libro es ponerlo en medio de una conversación. Organizar una editorial, una librería, una biblioteca, es organizar una conversación (…) Ver la cultura como una conversación nos ayuda a aceptar que, en todo el ancho mundo, las personas que van a leer un nuevo libro son tan pocas que hasta se podría hacer una lista. Por supuesto, la lista de invitados sería distinta para cada libro”.

Zaid pertenece a una categoría no menos politizada pero más provechosa que la del escritor comprometido. Al autor de Los demasiados libros (1996) se lo podría definir como un lector comprometido, por la calidad de su atención y porque confía en los poderes de la lectura, en la lectura como acto de tinte religioso, es decir, con consecuencias. Zaid es además un diestro aficionado a los epigramas, que imponen una lectura doble y triple, ya que por su forma y brevedad suenan más convincentes o menos, según el caso, de lo que verdaderamente son: “Pero si leer no sirve para ser más reales, ¿para qué demonios sirve?”. De pronto, su tono se aleja de lo enfático y Zaid se vuelve muy sugerente: “Nos aburrimos frente a un cajón de fotos que bien pudieron ser una secuencia milagrosa”.

La evidencia de algunas observaciones de Zaid no debilita su contundencia: “¿Cómo jerarquizan los periódicos a los autores? Por el espacio que les dedican los otros periódicos… Pero, ¿dónde acontece la vida literaria sino en la página leída? De ese acontecimiento, casi no hay nada en las páginas culturales. No es noticia, no es chisme, no es imagen fotografiable. Además, toma tiempo. Es más rápido entrevistar a un escritor que leer sus libros. El periodismo cultural se ha vuelto una extensión del periodismo de espectáculos”.

Con todo, el autor de Tres poetas católicos (1997) sigue siendo un lector devoto que no ha perdido la fe: “Algunos monjes creen que la oración sostiene el mundo: que, en todo momento, hay cuando menos un alma piadosa que reza desde el fondo de su corazón, y por eso el mundo no se vuelve nada. Creamos, inocentemente, que si el mundo del libro no se reduce a la circulación de celulosa, es porque nunca falta un lector de verdad”. Son pocos los pasajes en que su lector –que suele sentir al autor presente delante de él– quisiera que Zaid bajara la voz, haya en el lugar o no otra mesa ocupada.

 

Gabriel Zaid, Leer, Océano, 2012, 259 págs.

20 Jun, 2013
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