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Librerías

Jorge Carrión

TEORÍA Y ENSAYO

Por definición, una librería es el mundo entero representado, lo cual incluye la vereda donde se levanta. Es un enclave sin fronteras de ninguna índole y, por tanto, una nave franca. La mejor librería sería una biblioteca muy actualizada, con venta a granel. En las últimas décadas hemos visto decenas de historias del libro, desde el papiro hasta el hipertexto, y en el arco que va de la melancolía por el papel al entusiasmo ciego por la tecnología, habitual en los programadores. Los libros y la evolución de la lectura han sido sistematizados mayormente en el ámbito de las tradiciones nacionales. Jorge Carrión (Cataluña, 1976) ha escrito un libro que faltaba: una guía histórica y actual que reivindica esa zona franca conjugando el ensayo con la crónica de un auténtico trotamundos.

Finalista del Premio Anagrama, Librerías ofrece un paseo gozoso, casi desafiante, por el placer más quieto que existe y la pesca de su objeto. Organizado como una suerte de guía Lonely Planet para el lector andante –un sobreviviente cultural y, por ende, obsesivo, enfermizo–, es en verdad una suma de lecturas sobre su forma de ofrecerse al tráfico. Todo el ensayo respira ese ritmo encadenado de referencias literarias, citas y diario de viajes lentos, a lo W.G. Sebald. En este sentido, aunque pertenece a los estantes, aspira a ese bolsillo delantero de red que suelen traer las mochilas.

Diccionarios, el Petit Larousse, folletines: nunca se estudió tanto el libro. El ebook lo ha museificado tanto, que la librería de viejo deja de ser un cuarto de trastos para convertirse en tienda de diseño. Mientras Amazon anuncia que no tardará en distribuir sus paquetes con drones de azotea, Carrión prefiere el peregrinaje, asociado desde siempre al culto. El autor ha designado lazarillos, reales y de leyenda. Entre ellos están Roberto Bolaño, que lo lleva por varias capitales de la edición, Paul Bowles y sus secuaces beatnik –es que la figura del expatriado es parte de su biografía y un modelo de lector–. Rastrea las librerías míticas y las existentes, y las distingue de las meras escenografías. Así, a los santuarios turísticos como Shakespeare & Co, o la City Lights de Ferlinghetti, corresponden las librerías italianas que deslumbraron a Goethe y el rastro de la que inspiró la librería de Macondo. En Buenos Aires, destaca la labor de Natu Poblet, homenajea a la Librería de Ávila, Norte y Eterna Cadencia, y elogia La Internacional Argentina, del poeta editor Francisco Garamona, un antro de vanguardia. Pese a las posibles recriminaciones, el vecino concluye que no puede ser más exhaustivo. Es una paradoja de este libro virtualmente infinito que su tamaño conspire contra su razón de ser –demasiado grueso para un vademécum (va conmigo)–.

Joyce decía que su Ulises representaba Dublín de modo tan fidedigno que, en caso de desaparecer la ciudad, cada rincón podría ser reconstruido. Librerías se propone ese registro. Es uno de sus méritos que no empalague de nostalgia, cuando el libro mismo adquiere una pátina de clasicismo vintage, un dorado a la hoja. Muchos nos preguntamos hoy quién heredará o aceptará en legado las bibliotecas en las que invertimos tanto método y esfuerzos. Quizá por eso este bello tratado concluye invocando a David Markson y un tomo de su biblioteca personal, donada por él mismo a la Strand de usados, en Nueva York, y el descubrimiento de sus amorosos subrayados. Nos recuerda que el libro siempre trajo su garantía de circulación.

 

Jorge Carrión, Librerías, Anagrama, 2013, 342 págs.

12 Dic, 2013
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