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Restos épicos

Mario Cámara

TEORÍA Y ENSAYO

Sería impreciso decir que Restos épicos. La literatura y el arte en el cambio de época se centra en cierta producción cultural (que abarca novelas, films, obras de arte, performances) de los años sesenta y setenta —y sus derivas— que es resistente al mainstream y que generó su propia tradición para leer a contrapelo la historia de la última modernidad. El libro, ciertamente, es eso, pero es más ambicioso: se pregunta con qué destrezas abordar una zona del arte y la cultura de Brasil y Argentina que, aun dentro de la institución estética, pugna por desplazar, reescribir, cuestionar sus límites. La pregunta es teórica e interroga los caminos por los que el arte y la cultura accionan, actúan y se constituyen en un campo de experimentación de lo social.

Lo que se cuestiona es la relación de la estética con la política, la idea de canon, los marcos nacionales para entender procesos culturales, los límites mismos de las diferentes prácticas estéticas y, también, el lugar de la crítica de la cultura y de la teoría. La manera que se nos propone de pensar conjuntamente las obras de Oscar Bony, Clarice Lispector, Osvaldo Lamborghini, Hélio Oiticica, Rosângela Rennó o Glauber Rocha es indagar en la forma en que la estética se confrontó con las demandas de lo social sin someterse a ellas.

Pero el principal cuestionamiento del libro se ancla en la temporalidad, pues problematiza varias “épocas” (los sesenta, los setenta, el presente) y estudia sus superposiciones. Aquí las obras no son un “acontecimiento” sino un devenir que interpela tanto al presente como al pasado y el futuro. No se trata de obras “indeterminadas”, por el contrario, estas obras instalan una temporalidad propia, que les otorga una suerte de condición de “actualización” permanente. Ese es su carácter de “resto” prospectivo.

Si hay un desplazamiento en esta lectura de temporalidades es, sin duda —y el libro lo dice— el del emblema revolucionario. A cada paso sale al encuentro la revolución, una suerte de atonía que pierde estridencia para ir abarcando, progresivamente, todo el libro. No como contenido sino como “resto”, como residuo o dispositivo que se activa cada vez que alguien lee, que alguien escribe desde sus estímulos. Una revolución sin revolucionarios, o en la que los revolucionarios y revolucionarias son los restos de luchas perdidas, que se activan cuando la voluntad estética las punza. Porque lo único que puede unir la épica con lo que queda, con el resto, con lo que aún no ha acontecido, es la voluntad revolucionaria, el deseo emancipatorio que se ubica no en el presente o en el futuro sino en el devenir, como el libro nos propone.

 

Mario Cámara, Restos épicos. La literatura y el arte en el cambio de época, Libraria, 2017, 184 págs.

 

5 Oct, 2017
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