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Cuando la subjetividad se revela. Sobre “Independientes, ¿de qué?”, de Hernán López Winne y Víctor Malumián

DISCUSIÓN

El concepto Sitz im Leben (literalmente, “asiento en la vida”) puede bien operar en el campo de la crítica literaria como un efector que permite situar los textos en su lugar; esto es, permite ubicar con suficiente ubicuidad lo que se escribe, haciendo que caiga por peso específico la idea de que no puede haber un texto sin un contexto que lo sostenga. Esta afirmación, “no hay texto sin contexto”, bien podría haber sido formulada por el teórico de los medios Marshall McLuhan o por un publicista de la icónica serie Mad Men; sin embargo, es la dupla López Winne y Malumián (los Godot) la que sobre el final de Independientes, ¿de qué? (FCE, 2016) —y en un intenso ejercicio reflexivo— afirma que “las decisiones están atadas a momentos de la editorial y a sus metas; el contexto es crucial para pensar el curso de la acción”. Siguiéndolos, alcanzo a entender que están tratando de simbolizar (explicar) el fenómeno de las editoriales independientes; están tratando de, por decirlo de algún modo, darles una “ontología”. No sé honestamente por qué ante la lectura del libro de los Godot surgieron ante mí dos reflexiones antagónicas; quizás trayéndolas a colación se podría comprender mejor el esfuerzo que están haciendo estos editores por “atrapar al pez dorado”.

Una de ellas se deriva del libro Estrés y libertad —casualmente editado por Godot—, en el que Peter Sloterdijk reflexiona en torno a la libertad entendida como un producto derivado de la propia subjetividad: es la subjetividad “despierta” de las editoriales independientes y es su rol, su conciencia de la necesidad à la Hegel en el complejo entramado mercantil, la que busca expresarse para establecer sus pautas de acción. Entonces son ellos (los diversos editores de Latinoamérica consultados) los que tienen que definir qué es esa cosa llamada edición independiente.

La otra reflexión sobre el análisis fenomenológico de las editoriales independientes surgió de la lectura de un pasaje del libro Teoría y crítica del pensamiento latinoamericano, de Arturo Andrés Roig. En el séptimo capítulo, “el desconocimiento de la historicidad de América”, Roig nos aclara que “el reconocimiento de historicidad […] no necesita como condición que se haya accedido a una ‘toma’ de conciencia histórica, por cuanto la historicidad implica siempre, necesariamente, una ‘forma elemental y primaria’ de aquella conciencia”. Lo que viene a decir Roig en todo caso es que “no alcanza” con la mera representación de un fenómeno (el “desvelo” de su subjetividad) para que este se inserte en el entramado de la realidad y pueda encontrar allí su razón histórica y su campo de acción: siempre es necesario algo más; esto pone en entredicho lo mencionado por Sloterdijk aguas arriba en el texto.

En este encontronazo dialéctico me hallaba (aunque debo decir que me sigue interpelando la cuestión) mientras leía Independientes, ¿de qué?; entretanto me pude desayunar con ciertas problemáticas asociadas a la conformación de una editorial. Pareciera que dentro de las diferentes aristas que componen el quehacer editorial hay que empezar por las más hardcore, a saber, los números y los aspectos legales, y dejar para el final todo el romanticismo que representa el embarcarse en un sueño literario. La configuración de un catálogo coherente (de, al menos para empezar, tres títulos), con una estética singular y cuidada y una idea de público al que apuntar no son aspectos menores, pero son en sí y para sí más asequibles para la cofradía de agentes (los entusiastas del libro) que buscan traer productos culturales novedosos o para reparar en aquello que parecía olvidado y es necesario traer de regreso a casa.

Si es posible pensar lo “independiente” como una zona (y no como categoría) dentro del campo de la edición, si se puede contribuir a la bibliodiversidad, si se puede editar a contracorriente, ¡¡¡si los números cierran!!!, si es posible pensar un proyecto editorial a largo plazo (en promedio, ocho años), si es conveniente o no asistir a ferias e, inclusive, si se puede pensar el e-book como una verdadera solución en el mercado de edición y distribución futuro, todas estas cuestiones se tratan en este libro con sumo profesionalismo y con el carácter propio de quien busca encontrar en su pasión un “modelo de negocio” ajustable a lo que, entiende, puede llegar a ser un modelo de vida: uno que ofrezca un producto novedoso y disruptivo en tiempos en los que el pensamiento está supeditado a la lógica de la venta por la venta misma, propia de los conglomerados o megaholdings internacionales. Esa independencia, esa libertad es la que buscan asir ya que, siguiendo el mandato de Sloterdijk al final de su libro, “la libertad es demasiado importante para dejarla en manos de los liberales”.

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